Después de pasar un tiempo entrenando con las armas volvimos al lugar de los dragones. Esta vez ya estaban despiertos porque uno de los dos volaba y el otro estaba caminando por el gran patio. Javier se quedo mirando fijamente a los dragones sin arrimarse mientras que los demás si que lo hicimos. Seguimos unas indicaciones sencillas. Paramos a dos metros de Pancho e hicimos una reverencia. Al inclinarnos estuvimos esperando unos pocos segundos hasta que el noble dragón soltó un bufido de afirmac