Llegó despacio y tambaleante su sueño era un as perdido debajo de la manga. Llegó sin rumbo, desdibujado en su rostro el destino anunciado. Llegó repleto de días vacíos aún por venir. Sus manos de heridas sangrantes su cuerpo de huesos delgados su casa que ya no era casa sus días que ya no eran nada. Dejó resbalar su mirar esquelético en el pozo de los sin nada y llegó errante al centro de