About the work
José escribe y envía preciosas y siniestras cartas que hacen actuar, que ponen en marcha a quienes las reciben. Letras que les destrozarán la vida a los destinatarios. No se trata de una conducta caprichosa. José sabe muy bien lo que hace. Conoce su poder y lo aplica sin compasión y con bella caligrafía. Es un psicópata sutil y muy eficaz. Lleva la vida que quiere llevar. Una vida reducida a su escritura. En su despacho inexpugnable. Fuera de allí, su sumisa esposa complaciendo sus modestas peticiones. Una mujer hecha a su medida, a la medida que precisa la desmesura de la empresa de su marido.
Aldo recibe una carta manuscrita con caligrafía refinadísima. Sin remite. No lo sabe –y quizá nunca lo sepa- pero se trata de un ajuste de cuentas. Tal vez de un antiguo compañero de colegio que tarda en perdonar. La primera carta erosionando el matrimonio de Aldo y su esposa. La segunda carta sin remite invitando a la pareja al precipicio. Las cartas empujan a la esposa a que empuje a su marido hacia una vuelta al pasado. También al pasado de ellos como pareja. Una cadena sibilina urdida por un psicópata vía postal.
Elsa es la puta que suelda los puntos que ahora aún parecen inconexos. Pero que no lo están. La puta recibe una carta florida y de caligrafía barroca destinada a desquiciarla. Otro ajuste de cuentas a cuenta de una noche lejana y la película El Nadador, de Frank Perry, basada en el relato de John Cheever, y con guión de éste. El escribiente, tantos años más tarde, reclama lo suyo. Ella no recuerda a aquel tipo. No lo recuerda de nada. No recuerda aquella película. ¿Por qué causa, entonces, este desquiciante efecto esa misiva?
Dos madres. La de José y la de Aldo. Explicando a sus hijos. Compañeras de una residencia de ancianos. Desconocedoras de la escalofriante ligazón que vincula a sus vástagos. Madres como fantasmas contándose peripecias pasadas. Vergüenzas y pérdidas que, probablemente, hayan afectado a sus hijos incluso antes de nacidos.
Una tercera carta hace inevitable –porque está escrita por un desconocido todopoderoso e irremediable- que el encuentro se produzca. La puta desquiciada por una película que debe devolver y no encuentra. Un hombre viviendo una vida que no quiere y reviviendo otra vida que no quiso. La esposa de un hombre que obra en la seguridad del poder terapéutico de forzar una situación que en el pasado nadie forzó. Tres reviviendo un trío. Nadie es quien era entonces. Nadie será quien es ahora, cuando la reedición del trío está a punto de dar comienzo.
La mujer del psicópata en vías de convertirse en ex mujer del psicópata.
El barroco, y austero a la vez, psicópata epistolar que por primera vez comienza a no encontrar la palabra adecuada. Escaso de tinta. Escaso de sangre.
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Title Sangre
José escribe y envía preciosas y siniestras cartas que hacen actuar, que ponen en marcha a quienes las reciben. Letras que les destrozarán la vida a los destinatarios. No se trata de una conducta caprichosa. José sabe muy bien lo que hace. Conoce su poder y lo aplica sin compasión y con bella caligrafía. Es un psicópata sutil y muy eficaz. Lleva la vida que quiere llevar. Una vida reducida a su escritura. En su despacho inexpugnable. Fuera de allí, su sumisa esposa complaciendo sus modestas peticiones. Una mujer hecha a su medida, a la medida que precisa la desmesura de la empresa de su marido.
Aldo recibe una carta manuscrita con caligrafía refinadísima. Sin remite. No lo sabe –y quizá nunca lo sepa- pero se trata de un ajuste de cuentas. Tal vez de un antiguo compañero de colegio que tarda en perdonar. La primera carta erosionando el matrimonio de Aldo y su esposa. La segunda carta sin remite invitando a la pareja al precipicio. Las cartas empujan a la esposa a que empuje a su marido hacia una vuelta al pasado. También al pasado de ellos como pareja. Una cadena sibilina urdida por un psicópata vía postal.
Elsa es la puta que suelda los puntos que ahora aún parecen inconexos. Pero que no lo están. La puta recibe una carta florida y de caligrafía barroca destinada a desquiciarla. Otro ajuste de cuentas a cuenta de una noche lejana y la película El Nadador, de Frank Perry, basada en el relato de John Cheever, y con guión de éste. El escribiente, tantos años más tarde, reclama lo suyo. Ella no recuerda a aquel tipo. No lo recuerda de nada. No recuerda aquella película. ¿Por qué causa, entonces, este desquiciante efecto esa misiva?
Dos madres. La de José y la de Aldo. Explicando a sus hijos. Compañeras de una residencia de ancianos. Desconocedoras de la escalofriante ligazón que vincula a sus vástagos. Madres como fantasmas contándose peripecias pasadas. Vergüenzas y pérdidas que, probablemente, hayan afectado a sus hijos incluso antes de nacidos.
Una tercera carta hace inevitable –porque está escrita por un desconocido todopoderoso e irremediable- que el encuentro se produzca. La puta desquiciada por una película que debe devolver y no encuentra. Un hombre viviendo una vida que no quiere y reviviendo otra vida que no quiso. La esposa de un hombre que obra en la seguridad del poder terapéutico de forzar una situación que en el pasado nadie forzó. Tres reviviendo un trío. Nadie es quien era entonces. Nadie será quien es ahora, cuando la reedición del trío está a punto de dar comienzo.
La mujer del psicópata en vías de convertirse en ex mujer del psicópata.
El barroco, y austero a la vez, psicópata epistolar que por primera vez comienza a no encontrar la palabra adecuada. Escaso de tinta. Escaso de sangre.
Work type Narrative, Essay
Tags novela
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Registry info in Safe Creative
Identifier 1309025700858
Entry date Sep 2, 2013, 4:53 PM UTC
License Creative Commons Attribution 3.0
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Copyright registered declarations
Author. Holder Roberto Villar Blanco. Date Sep 2, 2013.
Information available at https://www.safecreative.org/work/1309025700858-sangre