No era la casa de playa sino un mar despistado.
Ahora quiere estacionarse con todo y oleaje en nuestro pequeño lote como los autos que vienen al restaurante de los vecinos o los orates que por las noches dispersan nuestra basura. No encuentran a dios en los desperdicios aunque saben que este hogar simula ser católico. A diferencia de estos prójimos, las olas frente a la casa son más gentiles. Su marea permanece en neutro sin dar ningún paso adelante. Tengo a mano la escopeta y los papeles pero