(CAPÍTULO LXII) Álvaro entró en el agua como un volcán en erupción después de infinitos y largos años sin actividad. Se lanzó de cabeza a la cintura de su amada y llegó en el instante justo en que Diana enfilaba la pelvis hacia su boca. Se dio de bruces con unos sonrojados labios que necesitaban el penetrar de un profundo sentimiento en esta confusa mañana. Álvaro probó la humedad de su contorno y comprendió que la existencia en este mundo es demasiado corta para no vivirla con