La primera entró como cuchillo en mantequilla. Debe ser que el miedo ablanda la piel. La segunda y la tercera siguieron la misma trayectoria horizontal; parecían unos ensangrentados puntos suspensivos grabados sobre su estómago. La cuarta puñalada reventó su pecho derecho, tantas veces besado, manoseado y lamido. La violencia del impacto hizo que el implante [...]