Esta vez voy a hablar un poco de mi trabajo como teórico del diseño y la arquitectura, aunque la etiqueta de «teórico» siempre me ha parecido excesiva. En todo caso, yo entiendo mi actividad, no como una actividad auxiliar o posterior, sino como una forma específica de proyectar. Escribir, investigar y producir pensamiento crítico no consiste en comentar lo que otros hacen desde fuera, validando o no su labor. Para mí, lo esencial es intervenir en las condiciones mismas en las que el diseño y la arquitectura se hacen posibles y ampliar el territorio de los márgenes en los que esto sucede. Creo que la teoría no es un simple reflejo analítico de la práctica: es uno de sus motores culturales.
La idea de proyectar en el entorno del diseño y la arquitectura se ha identificado casi exclusivamente con la producción de formas: planos, objetos, edificios. Esta asociación entre proyectar y construir ha ocultado una dimensión esencial del proceso: la producción de discursos, conceptos y marcos culturales que hacen posible que algo sea reconocido como proyecto. Antes de existir como espacio o artefacto, el proyecto existe como relato, como hipótesis sobre el mundo, como construcción simbólica. Proyectar no es solo dibujar: es también pensar, nombrar y argumentar.
Walter Benjamin entendió que las formas culturales no solo expresan una época, sino que la configuran. Su análisis de la reproductibilidad técnica no fue un comentario sobre la fotografía o el cine, sino una intervención sobre cómo esas tecnologías transformaban la percepción, la política y la experiencia urbana. Es decir, de algún modo, cambió la forma de proyectar. Del mismo modo, el diseño y la arquitectura no pueden pensarse como meros dispositivos funcionales generadores de espacios y/o objetos: son operadores culturales que organizan modos de vida. Proyectar implica, por tanto, tomar partido sobre cómo se habita, se trabaja o se consume. Cada nuevo objeto es una toma de posición.
Abrir caminos
En este sentido, escribir es también una forma de diseñar. Cuando yo escribo, doy conferencias, clases, publico libros e intento, con toda modestia y sabiendo la escala microscópica en la que trabajo, aportar al diseño y la arquitectura herramientas para su evolución. Nombrar los problemas es ya una forma de delimitarlos. Proponer lecturas es abrir posibilidades. La crítica no es una operación destructiva, sino una herramienta proyectual: permite ensayar escenarios, cuestionar automatismos y ensanchar el campo de lo posible. El texto se convierte en un laboratorio donde se prueban ideas antes de cristalizar en formas. Como señalaba Robert Venturi, la arquitectura no comunica solo a través de su función, sino también mediante signos y significados. La famosa reivindicación de la «complejidad y contradicción» era una posición cultural frente a la simplificación en la que había caído el movimiento moderno, que había llegado a ser una especie de receta para no equivocarse. Escribir sobre arquitectura fue, para Venturi, una manera de reconfigurar lo que podía ser arquitectura.
Ezio Manzini ha insistido en su libro Cuando todos diseñan que el diseño no debe entenderse solo como producción de objetos, sino como articulación de sistemas de relaciones. Su noción de innovación social desplaza el proyecto desde la forma hacia los procesos, desde el producto hacia el contexto. Pero ese desplazamiento no se produce sin palabras: requiere categorías nuevas, descripciones distintas, relatos alternativos sobre lo que significa bienestar, sostenibilidad o comunidad. El proyecto, aquí, es inseparable de la construcción de sentido. Diseñar futuros implica, antes que nada, poder narrarlos. Bruce Mau, en su Manifiesto Incompleto para el Crecimiento, nos dice: «Crea nuevas palabras. Expande el léxico. Las nuevas condiciones demandan nuevas formas de expresión. La expresión genera nuevas condiciones». Y eso es justamente lo que intentamos hacer desde el estudio y la teoría del diseño, expandir el léxico, que es expandir el territorio donde se desarrolla el diseño.
Slow Thinking
John Thackara ha subrayado igualmente que los problemas contemporáneos —climáticos, energéticos, sociales— no se resuelven con más forma, sino con más inteligencia cultural. El creador de las míticas jornadas Doors of Perceptions crítica el diseño como solución rápida y su apuesta por ecologías de prácticas que sitúan la reflexión como parte constitutiva del proyecto. No se trata de añadir un discurso a posteriori, sino de reconocer que sin una revisión profunda de los marcos desde los que proyectamos, cualquier solución formal corre el riesgo de ser cosmética. La teoría opera aquí como un dispositivo de ralentización: obliga a pensar antes de actuar. Ese tiempo antes de actuar es vital: la velocidad con la que se encaran los encargos ha reducido el tiempo de investigación y reflexión. Y esa es la aportación de los que estamos en el ámbito del diseño y/o la arquitectura desde la crítica, el análisis, la especulación conceptual, etc., es decir, desde aquello que llamamos teoría.
Historia, política, tecnología, economía o ecología no son contextos externos al diseño: son materiales de proyecto. Trabajar con ellos desde la palabra es una forma de intervenir activamente en la disciplina. Rem Koolhaas ha mostrado cómo la escritura puede ser tan proyectual como el dibujo. Delirious New York no describe una ciudad existente: explora un modo de leerla y, al hacerlo, produce arquitectura. El relato precede a la forma y la legitima.
La ausencia de pensamiento crítico tiene consecuencias. Un diseño sin discurso es un diseño fácilmente neutralizable. Una arquitectura sin relato es una arquitectura sin responsabilidad cultural. Cuando las disciplinas proyectuales renuncian a pensarse a sí mismas, quedan reducidas a instrumentos técnicos al servicio de lógicas ajenas: del mercado, de la administración o de la tecnología. Frente a ello, generar literatura, teoría y crítica es una forma de resistencia. Mantiene abierto el debate sobre qué significa hoy proyectar y para quién se proyecta. Nos dota de herramientas, tanto o más que conocer el funcionamiento de un nuevo programario digital para proyectar o el uso de una IA generativa.

