Sobre la obra
https://valentina-lujan.es/laloli/latiaviud.pdf
sorprendió a la Loli cuando estaba sentada frente al tocador poniéndose la gargantilla con el camafeo ribeteado de brillantitos
− Vaya. Al fin nos encontramos.
Y que qué sorpresa
− No te esperaba tan pronto.
Y que qué pronto. Con los pendientes ahora, de rubíes, valorando si no serían demasiado largos o si conjuntarían bien con
− Pues, yo, lo que son las cosas, fíjate, llevo siglos esperándote.
Siglos. Remedados entre dientes y una sonrisilla que
− Largos, sí.
Y que qué manera de exagerar
− ¿O mejor los de zafiros? — cambiando de perfil, frente al espejo demasiado rococó, para su gusto tan… — ¿Y tú cómo lo ves?
Y que con cagadas de mosca
− Es que, estas criadas de ahora.
Pero que se estaba refiriendo a
− Ah.
Y que pues, en tal caso, un poquito fuera de lugar los dos
− ¿Y qué mejor lugar que unas orejas para unos pendientes?
Hizo memoria, pero como no se le vino a la cabeza nada que
− La punta de la nariz, el labio, el ombligo, un pezón.
Pero que, a mí, dijo, esas cosas tan, como que no
− Grima, dentera, repelús.
Y que pero que tú, ¿verdad?, le dijo, no los llevarás en
− Habrá, cháchara y gustos tan dispares aparte, que ir espabilando ¿No?
Echando una mirada al reloj de pulsera, la una
− Las cuatro veintinueve a.m.
Y ojeadas furtivas al almanaque, la otra
− Treinta.
Y que pues justo y cabal. El momento ideal para lo que, dijo, nos ocupa
− Te ocupará a ti. Porque a mí imagínate tú.
Se quitó, no sin un algo de pesar, los dos pendientes
− Mejor, sí.
O que unas perlas, si acaso
− Porque para un traje, imagino, cómodo de viaje.
Pero del calzado que no se preocupara
− Total, para total ni un paso que vas a dar.
Para, tras un instante de reflexión concretar, que paso sí, pero que no
− Te había entendido, que tonta no estoy.
Y que con los bombones y las frutitas glaseadas qué
− Pues la Brigitte, que los lleve la Brigitte.
Tan ligero equipaje
− Para tan largo viaje.
Y salieron por la puerta canturreando
− ¿Echamos la llave?
Y que si había algo que siempre me ha gustado de ti, le contestó, era su sentido del humor
Comentarios
Sobre el creador
Escritora, porque la escritura es lo que profeso. Pero, no siendo la escritura mi fuente de ingresos, no me atrevería a denominarla mi profesión. No creo, por otra parte, que estuviera dispuesta a avenirme a complacer a nadie, lector o editor. Ni a comprometerme a cumplir los plazos de entrega a que deben ceñirse tantos de los que publican. Literatura por encargo, como si el escritor fuera un sastre o un fabricante de electrodomésticos. Me espanta el sólo pensarlo.
No tengo formación académica.
Ah, que se me olvidaba explicar a mis lectores, y a mis seguidores, y a mis amigos y enemigos, por qué "Telas de araña con bastón, canario y abanico"; y ello es por algo tan sencillo como el hecho de que la vida, todas las vidas, son exactamente una tela de araña, entretejiéndose, las unas con las otras.
He de confesar también que el título no se me ocurrió a mí; no. El título es el de un cuadro, grande, al óleo, que vi hace muchos años no recuerdo ya dónde en una exposición y en el que, aunque me dejé los ojos escrutándolo, no logré encontrar ni el bastón ni el canario ni el abanico y que, además y desafortunadamente, no recuerdo el nombre del autor.