Sobre la obra
https://valentina-lujan.es/Y/yretractan.pdf
toda la tarde-noche de aquel día y la parte de la mañana del siguiente [porque paró, como es natural, por la noche para dormir, descansar y tomar fuerzas entre incertidumbres que entre sueños [o quizás mejor “entre pesadillas” porque pasó la mujer una noche malísima “que no le deseo ─ explicaría (con la hora pegada a los talones en la cola del pescado) ─ ni al peor de mis enemigos” ] la estuvieron asaltando toda la noche {con navajas y otros objetos punzantes (porque, si tenía que ser veraz, armas de fuego juraría que no las hubo; y tenía que ser veraz)} por culpa de, tan atareada con lo suyo, no haberse parado a reflexionar si sería el que aplicó el orden natural y lógico de hacer las cosas o hubiera sido más sensato tomar fuerzas primero ─ un par de empanadillas que habían sobrado el día anterior, en la nevera (que era ella mujer de poco comer), y un dedito de vino (tinto y en el estante del aparador, que el vino tinto, ella lo sabía, mejor a temperatura ambiente) ─ para, una vez reconfortada, disponer de la energía y presencia de ánimo suficientes para decidir, con resolución y sin dejarse coaccionar con protestas, si el segundo lugar se lo adjudicaba al dormir y el tercero al descansar o viceversa y, apenas al alba, para darse una ducha y asearse y seguir con la faena que cerca ya del mediodía hubo de interrumpir de nuevo para acudir a ─ contrariada ─ abrir la puerta a la vecina que le vino preguntando por el desatascador.
- ¿El desatascador?
- Sí, porque es que, hija, no sé por qué será, pero el lavabo no me traga lo que se dice nada; y como tú en alguna ocasión…
- Ya, pero de eso hace mucho; y ahora mismo ni sé ni me importa dónde pueda estar.
- Anda, mujer ─ la otra ─, piensa un poquito y no seas rencorosa; que la mancha de mora, siempre se ha dicho, con otra verde se quita.
- Ni un poquito ni ─ algo seca ─ un muchito porque, y perdóname que te sea tan franca, además de que ya te he dicho que el desatascador me importa un cuerno te diré que… y sé que va a parecerte muy raro, pero así son las cosas, justo en este momento estoy retractándome.
Y, sin más contemplaciones ni mediar más diálogo, dijo un hasta luego y cerró, sin portazo, para sentarse de nuevo en el sillón y seguir con lo que estaba que ─ maldita fuese la estampa de la vecina, y de todas las vecinas, y de todos los muy (…) desatascadores del barrio y del planeta ─ ahora no sabía por dónde iba con tanto interés como tenía en haberlo terminado antes de la comida] que trascurrió entre el momento en que el marido la despertó temprano cuando al levantarse la zarandeó un poquito por el hombro diciendo que ya era tal hora — y preguntando si había dormido bien y ella contestó que sí — y el de, a eso de las once y media, hacer un alto en el camino para bajar con los compañeros del bufete a tomar un café.
Comentarios
Sobre el creador
Escritora, porque la escritura es lo que profeso. Pero, no siendo la escritura mi fuente de ingresos, no me atrevería a denominarla mi profesión. No creo, por otra parte, que estuviera dispuesta a avenirme a complacer a nadie, lector o editor. Ni a comprometerme a cumplir los plazos de entrega a que deben ceñirse tantos de los que publican. Literatura por encargo, como si el escritor fuera un sastre o un fabricante de electrodomésticos. Me espanta el sólo pensarlo.
No tengo formación académica.
Ah, que se me olvidaba explicar a mis lectores, y a mis seguidores, y a mis amigos y enemigos, por qué "Telas de araña con bastón, canario y abanico"; y ello es por algo tan sencillo como el hecho de que la vida, todas las vidas, son exactamente una tela de araña, entretejiéndose, las unas con las otras.
He de confesar también que el título no se me ocurrió a mí; no. El título es el de un cuadro, grande, al óleo, que vi hace muchos años no recuerdo ya dónde en una exposición y en el que, aunque me dejé los ojos escrutándolo, no logré encontrar ni el bastón ni el canario ni el abanico y que, además y desafortunadamente, no recuerdo el nombre del autor.