Sobre la obra
https://valentina-lujan.es/I/interconexiones.pdf
Cada vez que se cruza en mi camino un perro, ya sea de la correa que sujeta su dueño, o suelto y aun después de cerciorarme de que no está abandonado ni perdido, de que tiene su dueño; o atado a la puerta de un supermercado, esperando que salga su amo a recogerlo, no puedo evitar el mirarle a los ojos, buscar su mirada, y veo en ellos una tristeza que estoy segura de que ninguna otra persona ve.
Y pienso que si la vieran el mundo estaría siendo muy distinto. Menos aterrador.
Y es que, o eso dicen, la percepción de una misma realidad es diferente de unas personas a otras, y que depende de las conexiones que en cada cerebro establecen entre sí las neuronas. Y que depende, a su vez, del estado anímico, que determina (o condiciona) la "elección" que van a tomar las neuronas al interconectarse.
Y me pregunto si el tal estado anímico no está a su vez condicionado por interconexiones previas.
2 de febrero de 2016
Comentarios
Sobre el creador
Escritora, porque la escritura es lo que profeso. Pero, no siendo la escritura mi fuente de ingresos, no me atrevería a denominarla mi profesión. No creo, por otra parte, que estuviera dispuesta a avenirme a complacer a nadie, lector o editor. Ni a comprometerme a cumplir los plazos de entrega a que deben ceñirse tantos de los que publican. Literatura por encargo, como si el escritor fuera un sastre o un fabricante de electrodomésticos. Me espanta el sólo pensarlo.
No tengo formación académica.
Ah, que se me olvidaba explicar a mis lectores, y a mis seguidores, y a mis amigos y enemigos, por qué "Telas de araña con bastón, canario y abanico"; y ello es por algo tan sencillo como el hecho de que la vida, todas las vidas, son exactamente una tela de araña, entretejiéndose, las unas con las otras.
He de confesar también que el título no se me ocurrió a mí; no. El título es el de un cuadro, grande, al óleo, que vi hace muchos años no recuerdo ya dónde en una exposición y en el que, aunque me dejé los ojos escrutándolo, no logré encontrar ni el bastón ni el canario ni el abanico y que, además y desafortunadamente, no recuerdo el nombre del autor.