Sobre la obra
https://valentina-lujan.es/T/thegreys.pdf
Una caja que me fascinaba; no por sí misma ― sólo era una cajita metálica de color verde, rectangular y muy plana, como para dos capas de cigarrillos que debió de caber bastantes porque tenía unos veinte centímetros de larga ― sino porque en nuestro ambiente de costumbres sobrias y sin más conocidos que los matrimonios generalmente del pueblo que venían los domingos por la tarde a las sesiones de espiritismo, su procedencia extranjera y sus palabras escritas en inglés me resultaban francamente exóticas y me hacían imaginar lugares y personas muy distintos de nosotros.
Además: cigarrillos.
Mi padre no había fumado jamás, pero como además la caja yo la asociaba más con mi madre, porque estaba en el cajón derecho de arriba de su comodín, el cajón en que guardaba sus objetos personales, no era a él a quien imaginaba fumándolos sino a ella; y hablando en inglés ― con unas personas de modales muy exquisitos ― de temas que no estaban relacionados ni con el espiritismo ni con la guerra nuestra… Que se la llamaba así para diferenciarla de la mundial.
Etiqueta: Papeles
Comentarios
Sobre el creador
Escritora, porque la escritura es lo que profeso. Pero, no siendo la escritura mi fuente de ingresos, no me atrevería a denominarla mi profesión. No creo, por otra parte, que estuviera dispuesta a avenirme a complacer a nadie, lector o editor. Ni a comprometerme a cumplir los plazos de entrega a que deben ceñirse tantos de los que publican. Literatura por encargo, como si el escritor fuera un sastre o un fabricante de electrodomésticos. Me espanta el sólo pensarlo.
No tengo formación académica.
Ah, que se me olvidaba explicar a mis lectores, y a mis seguidores, y a mis amigos y enemigos, por qué "Telas de araña con bastón, canario y abanico"; y ello es por algo tan sencillo como el hecho de que la vida, todas las vidas, son exactamente una tela de araña, entretejiéndose, las unas con las otras.
He de confesar también que el título no se me ocurrió a mí; no. El título es el de un cuadro, grande, al óleo, que vi hace muchos años no recuerdo ya dónde en una exposición y en el que, aunque me dejé los ojos escrutándolo, no logré encontrar ni el bastón ni el canario ni el abanico y que, además y desafortunadamente, no recuerdo el nombre del autor.