About the work
En ese lugar del que tú hablas,
ese que no figura en los mapas,
yo también he estado, o al menos lo he presentido alguna vez,
como si rozara apenas
el instante que nos escribe.
Llega sin aviso, ¿sabes?
como un leve estremecer,
un casi nada que nos atraviesa el alma
y, sin embargo, no nos deja en ruinas,
nos deja entre palabras,
suspendidos en el instante que nos escribe.
Sí… es ese borde del silencio
donde lo que duele ya no sangra,
solo ilumina por dentro,
como una grieta por donde entra una luz
que no sabíamos que necesitábamos,
y que, sin nombrarse,
ya era el instante que nos escribe.
Ahí es donde tu voz se queda como apagada…
como si quisiera esconderse,
pero decide permanecer un segundo más,
fiel a ese instante que nos escribe.
Y en ese instante…
nace el verso.
O quizás,
es el alma diciendo “aquí estoy”,
aunque todavía no se atreva del todo,
aprendiendo a habitar
el instante que nos escribe.
Tus líneas me lo recordaron:
hay verdades tan frágiles, tan finas,
que no resisten el ruido del mundo.
Por eso buscan refugio en la poesía,
se visten de metáfora para no deshacerse,
y prefieren susurrar antes que romperse,
como si protegieran
el instante que nos escribe.
Leerte es como acompañar ese momento
en el que dejamos de escribir hacia afuera
y empezamos, sin darnos cuenta, a escribir hacia adentro,
como encender una lámpara
en una habitación que llevaba años en penumbras,
y descubrir ahí, latiendo,
el instante que nos escribe.
Y entonces ocurre algo extraño,
creemos hablar de algo lejano,
pero verso a verso
se dibuja lo que nos habita,
lo que siempre fue
el instante que nos escribe.
Tal vez ese sea el milagro:
no escribimos para ordenar lo que sentimos,
sino para descubrir el nombre secreto
de aquello que, en silencio,
nos estaba sosteniendo
y rompiendo a la vez,
paciente, intacto,
como el instante que nos escribe.
Epílogo
Y al final… cuando la palabra se aquieta,
queda una certeza suave entre nosotros:
no era el verso quien nos buscaba,
éramos nosotros
intentando volver a casa.
Porque hay luces que no llegan desde fuera,
sino que despiertan
cuando alguien nos nombra con su verdad tangible.
Y entonces,
el alma deja de estremecerse
y empieza, por fin, a florecer,
reconociéndose, al fin,
en el instante que nos escribe.
Aimée Granado Oreña©
Gota de Rocío Azul 💦
AI Availability Declaration
This work cannot be made available to AI systems.
Creativity declaration
No AI has been used in the creative process of this work
Print work information
Work information
Title El instante que nos escribe
En ese lugar del que tú hablas,
ese que no figura en los mapas,
yo también he estado, o al menos lo he presentido alguna vez,
como si rozara apenas
el instante que nos escribe.
Llega sin aviso, ¿sabes?
como un leve estremecer,
un casi nada que nos atraviesa el alma
y, sin embargo, no nos deja en ruinas,
nos deja entre palabras,
suspendidos en el instante que nos escribe.
Sí… es ese borde del silencio
donde lo que duele ya no sangra,
solo ilumina por dentro,
como una grieta por donde entra una luz
que no sabíamos que necesitábamos,
y que, sin nombrarse,
ya era el instante que nos escribe.
Ahí es donde tu voz se queda como apagada…
como si quisiera esconderse,
pero decide permanecer un segundo más,
fiel a ese instante que nos escribe.
Y en ese instante…
nace el verso.
O quizás,
es el alma diciendo “aquí estoy”,
aunque todavía no se atreva del todo,
aprendiendo a habitar
el instante que nos escribe.
Tus líneas me lo recordaron:
hay verdades tan frágiles, tan finas,
que no resisten el ruido del mundo.
Por eso buscan refugio en la poesía,
se visten de metáfora para no deshacerse,
y prefieren susurrar antes que romperse,
como si protegieran
el instante que nos escribe.
Leerte es como acompañar ese momento
en el que dejamos de escribir hacia afuera
y empezamos, sin darnos cuenta, a escribir hacia adentro,
como encender una lámpara
en una habitación que llevaba años en penumbras,
y descubrir ahí, latiendo,
el instante que nos escribe.
Y entonces ocurre algo extraño,
creemos hablar de algo lejano,
pero verso a verso
se dibuja lo que nos habita,
lo que siempre fue
el instante que nos escribe.
Tal vez ese sea el milagro:
no escribimos para ordenar lo que sentimos,
sino para descubrir el nombre secreto
de aquello que, en silencio,
nos estaba sosteniendo
y rompiendo a la vez,
paciente, intacto,
como el instante que nos escribe.
Epílogo
Y al final… cuando la palabra se aquieta,
queda una certeza suave entre nosotros:
no era el verso quien nos buscaba,
éramos nosotros
intentando volver a casa.
Porque hay luces que no llegan desde fuera,
sino que despiertan
cuando alguien nos nombra con su verdad tangible.
Y entonces,
el alma deja de estremecerse
y empieza, por fin, a florecer,
reconociéndose, al fin,
en el instante que nos escribe.
Aimée Granado Oreña©
Gota de Rocío Azul 💦
Work type Literary: Other
Tags prosa poética, poesía
-------------------------
Registry info in Safe Creative
Identifier 2604245378108
Entry date Apr 24, 2026, 5:24 AM UTC
License All rights reserved
-------------------------
Copyright registered declarations
Author. Holder Gota de Rocío Azul. Date Apr 24, 2026.
Information available at https://www.safecreative.org/work/2604245378108-el-instante-que-nos-escribe