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Title Continuará

Identifier 2308155068660

Entry date Aug 15, 2023 10:26 PM UTC

https://valentina-lujan.es/alicia/contiparaquefue.pdf
Y es que en aquel momento, el instante en que por un cúmulo de circunstancias — estúpidas todas pero confabuladas, amparándose y solapándose las unas en las otras que es en lo que siempre se refugian los cobardes que no se atreven a una vez cometidas sus disparatadas acciones dar la cara — me vi obligado a abandonar mi trabajo, pensando que lo reanudaría en apenas los pocos segundos que me llevara el reponerme del susto de mi amigo, porque inesperadamente sonó el teléfono.
Pero, cuando pensaba dispuesto a enfilar el pasillo que también esto lo resolvería ― como solía suceder todas las tardes, también en pocos segundos diciendo que no; que no a la voz anónima que me invitaría a cambiar de compañía telefónica o, si aquella invitación fallaba, otra me ofrecía un apartamento en la playa en multipropiedad o un coche o un viaje― me asaltó la duda, sin poder concretar un porqué, de si en verdad las cosas continuarían siendo tan sencillas, y el discurrir de las horas y de los días tan amable como lo venía siendo desde que empecé lo que di en considerar “mi obra”. Por eso coloqué el “continuará” entre interrogaciones.
Coloqué las interrogaciones y me disponía a enfilar el pasillo en dirección al teléfono pero, apenas dados los primeros pasos, sonó también el timbre de la puerta y, tras dudar unos instantes qué hacer primero, opté por abrir la puerta (sería el cartero con una multa de tráfico y siempre es mejor, me dije, cogerla que tener que acudir a buscarla a correos o que esconder la cabeza debajo del ala y no ir, y quedarse con la zozobra de no haber aceptado quién sabía si la notificación de que un tío lejano del que se desconocía la existencia ha fallecido en el extranjero y me lega todos sus bienes) en la esperanza de que, entretanto, el teléfono dejase de sonar.
Desanduve por tanto el poco trecho que había caminado por el pasillo y, cuando ya casi tenía la mano en el picaporte, me percaté de que en el suelo había un sobre que apenas unos minutos antes — nótese que apenas llevaba un párrafo, y corto, hasta el primer “teléfono”, lo que dará idea del poco tiempo que hacía que me había sentado a trabajar — no estaba ahí.
Miré por la mirilla y en el descansillo no había nadie, con lo que supuse que el cartero lo deslizó por debajo de la puerta y se marchó, pero, al dar la vuelta al sobre, que estaba boca abajo, vi que además de no llevar franqueo tampoco llevaba nombre de destinatario ni remite sino, tan sólo y escritas con ordenador, las palabras de cada laberinto sólo se sale volando* seguidas, tras un punto y coma, de otras que me parecieron aún más enigmáticas: y en cada esquina del tiempo acaba el presente, que se puede desvanecer porque quizá no ha pasado nunca nada.*
―――――
* Del libro 49 respuestas a la aventura del pensamiento. De Eduardo Pérez de Carrera.
――――
– ¿Y dentro del sobre — preguntó mi amigo cuando se lo conté — qué encontraste?
– Nada — Contesté.
– ¿No había nada dentro del sobre?
– En realidad — le respondí — el sobre no lo abrí.
– ¿No abriste el sobre?
– ¿Para qué si el mensaje estaba fuera? Además, ya te he dicho, el teléfono estaba sonando y fui a atenderlo.
– ¿Y?
– Era mi tía, interesándose por Indalecio.
– ¿Tu tía la del capitán interesándose por Indalecio?
– Sí, ¿qué pasa? — repuse con acritud — Mi tía tiene sus rarezas, ya lo sé, pero tal vez porque los años le estén dulcificando el carácter siente por él un inmenso cariño, lo quiere como a un hijo, y está muy pendiente de él y de su bienestar.
– No — él, que me pareció que se decidía a mostrarse comprensivo —, si que a tu tía se le dulcifique el carácter con los años me parece estupendo, y, que quiera a al capitán como a un hijo, comprensible a su edad, pero…
‒ ¡Un momento! — le interrumpí con viveza ― ¿De dónde has sacado no sé qué capitán?
‒Bah ― contestó, en vez de responderme ― Deja eso ahora y no mezclemos las cosas; porque si nos desviamos al tema de los volovanes…
‒ ¿Qué volovanes?
‒ ¡Que no te pongas ahora con eso! Además, no sé si lo recuerdas ― me dice ―, pero lo de la petición de mano no terminó bien…
‒ ¿Tendría que recordarlo?
‒No es que sea absolutamente necesario, pero, que Lola se marchara, así, de forma tan inopinada y sin ni terminar de rellenarlos, podría tener una explicación… ¿No crees?
Y como estoy tan confuso, tan agobiado por tanto trabajo como veo que se me acumula sobre la mesa del despacho, con torres de expedientes que ya me ha advertido Ramírez que algunos son urgentes; opto por, a la desesperada, desentenderme de todo y, solo, en silencio y cómodamente repanchingado de espaldas al escritorio y a realidades tan pedestres, encender un cigarrillo y, contemplando el cielo azul, seguirle la corriente y decirle que sí, que creía (creo) que sí…
‒Fantástico ― exclama ― ¿Pero no podríamos buscarla en otro momento?
‒Eres tú quien ha sacado el tema ― protesto, por puro compromiso, sin ningún entusiasmo, entretenido...

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Felipe Ledesma

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Aug 15, 2023


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https://valentina-lujan.es/alicia/contiparaquefue.pdf
Y es que en aquel momento, el instante en que por un cúmulo de circunstancias — estúpidas todas pero confabuladas, amparándose y solapándose las unas en las otras que es en lo que siempre se refugian los cobardes que no se atreven a una vez cometidas sus disparatadas acciones dar la cara — me vi obligado a abandonar mi trabajo, pensando que lo reanudaría en apenas los pocos segundos que me llevara el reponerme del susto de mi amigo, porque inesperadamente sonó el teléfono.
Pero, cuando pensaba dispuesto a enfilar el pasillo que también esto lo resolvería ― como solía suceder todas las tardes, también en pocos segundos diciendo que no; que no a la voz anónima que me invitaría a cambiar de compañía telefónica o, si aquella invitación fallaba, otra me ofrecía un apartamento en la playa en multipropiedad o un coche o un viaje― me asaltó la duda, sin poder concretar un porqué, de si en verdad las cosas continuarían siendo tan sencillas, y el discurrir de las horas y de los días tan amable como lo venía siendo desde que empecé lo que di en considerar “mi obra”. Por eso coloqué el “continuará” entre interrogaciones.
Coloqué las interrogaciones y me disponía a enfilar el pasillo en dirección al teléfono pero, apenas dados los primeros pasos, sonó también el timbre de la puerta y, tras dudar unos instantes qué hacer primero, opté por abrir la puerta (sería el cartero con una multa de tráfico y siempre es mejor, me dije, cogerla que tener que acudir a buscarla a correos o que esconder la cabeza debajo del ala y no ir, y quedarse con la zozobra de no haber aceptado quién sabía si la notificación de que un tío lejano del que se desconocía la existencia ha fallecido en el extranjero y me lega todos sus bienes) en la esperanza de que, entretanto, el teléfono dejase de sonar.
Desanduve por tanto el poco trecho que había caminado por el pasillo y, cuando ya casi tenía la mano en el picaporte, me percaté de que en el suelo había un sobre que apenas unos minutos antes — nótese que apenas llevaba un párrafo, y corto, hasta el primer “teléfono”, lo que dará idea del poco tiempo que hacía que me había sentado a trabajar — no estaba ahí.
Miré por la mirilla y en el descansillo no había nadie, con lo que supuse que el cartero lo deslizó por debajo de la puerta y se marchó, pero, al dar la vuelta al sobre, que estaba boca abajo, vi que además de no llevar franqueo tampoco llevaba nombre de destinatario ni remite sino, tan sólo y escritas con ordenador, las palabras de cada laberinto sólo se sale volando* seguidas, tras un punto y coma, de otras que me parecieron aún más enigmáticas: y en cada esquina del tiempo acaba el presente, que se puede desvanecer porque quizá no ha pasado nunca nada.*
―――――
* Del libro 49 respuestas a la aventura del pensamiento. De Eduardo Pérez de Carrera.
――――
– ¿Y dentro del sobre — preguntó mi amigo cuando se lo conté — qué encontraste?
– Nada — Contesté.
– ¿No había nada dentro del sobre?
– En realidad — le respondí — el sobre no lo abrí.
– ¿No abriste el sobre?
– ¿Para qué si el mensaje estaba fuera? Además, ya te he dicho, el teléfono estaba sonando y fui a atenderlo.
– ¿Y?
– Era mi tía, interesándose por Indalecio.
– ¿Tu tía la del capitán interesándose por Indalecio?
– Sí, ¿qué pasa? — repuse con acritud — Mi tía tiene sus rarezas, ya lo sé, pero tal vez porque los años le estén dulcificando el carácter siente por él un inmenso cariño, lo quiere como a un hijo, y está muy pendiente de él y de su bienestar.
– No — él, que me pareció que se decidía a mostrarse comprensivo —, si que a tu tía se le dulcifique el carácter con los años me parece estupendo, y, que quiera a al capitán como a un hijo, comprensible a su edad, pero…
‒ ¡Un momento! — le interrumpí con viveza ― ¿De dónde has sacado no sé qué capitán?
‒Bah ― contestó, en vez de responderme ― Deja eso ahora y no mezclemos las cosas; porque si nos desviamos al tema de los volovanes…
‒ ¿Qué volovanes?
‒ ¡Que no te pongas ahora con eso! Además, no sé si lo recuerdas ― me dice ―, pero lo de la petición de mano no terminó bien…
‒ ¿Tendría que recordarlo?
‒No es que sea absolutamente necesario, pero, que Lola se marchara, así, de forma tan inopinada y sin ni terminar de rellenarlos, podría tener una explicación… ¿No crees?
Y como estoy tan confuso, tan agobiado por tanto trabajo como veo que se me acumula sobre la mesa del despacho, con torres de expedientes que ya me ha advertido Ramírez que algunos son urgentes; opto por, a la desesperada, desentenderme de todo y, solo, en silencio y cómodamente repanchingado de espaldas al escritorio y a realidades tan pedestres, encender un cigarrillo y, contemplando el cielo azul, seguirle la corriente y decirle que sí, que creía (creo) que sí…
‒Fantástico ― exclama ― ¿Pero no podríamos buscarla en otro momento?
‒Eres tú quien ha sacado el tema ― protesto, por puro compromiso, sin ningún entusiasmo, entretenido...

Versaciones
Work type Literary: Other
Tags versaciones, prosa

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Identifier 2308155068660
Entry date Aug 15, 2023 10:26 PM UTC
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Author. Holder Felipe Ledesma. Date Aug 15, 2023.


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