Sobre la obra
https://valentina-lujan.es/E/elperrillonegro.pdf
Negro, de tamaño mediano y pelo negro y rizado, con un collar rojo y un genio malísimo.
Lo veía siempre cuando pasaba con Jerry. En lo que algún día fue una mansión, uno de esos chalets que hubo, y sigue habiendo, en esas calles tranquilas, sorprendentes un poco en pleno centro de Madrid, entre Velázquez y Serrano.
En éste, donde yo lo veía, grande y tal vez abandonado ya que las ventanas se ven tapiadas y muchos de los ladrillos caídos o rotos, con un jardín grande que se atisba por encima del muro de piedra y la tela metálica que lo corona, él correteaba a lo largo de lo alto del muro, de un extremo al otro, pegando ladridos muy enérgicos a Jerry, que le respondía con no menos resolución.
Su aspecto era bueno, saludable, se le veía bien alimentado, lo que me hacía pensar que ahí estaría viviendo alguien, que cuidaba el lugar, o gente sin hogar que se había metido ahí, y que él era suyo y ellos lo cuidaban.
Hace cosa de un mes eché de menos los ladridos, y las carreras alocadas a lo largo del muro.
Desde entonces, cuando he tenido a Jerry conmigo, he evitado pasear por ahí tratando de evitar el constatar que en efecto ya no está.
Hace unos días que sí tengo a Jerry y, esta mañana, me he dicho “por qué no ir, que a lo mejor está, una sola vez que no lo has visto no es prueba de nada”. Y, sí, hemos ido, aun con la corazonada no sé por qué de que no lo vería.
He querido imaginar que no pasa nada. Que las personas que estuvieran ahí se marcharon y lo llevaron con ellos.
Pero, de cualquier modo, el “ya no” de sus ladridos, de sus carreras, de su energía y su mal genio y su viveza, me ha dejado, me deja, un no sé qué de vacío en la boca del estómago.
Y pienso, sin saberlo evitar, cuántos pequeños retazos de la cotidianidad, de lo vivido y sentido cada día, aunque se sienta y se viva tan sólo al paso del “pasar”, van dejando muescas en el alma. Y qué grande y pesado resulta ese saco invisible que se lleva a la espalda cargado de innumerables “ya no”.
7 de diciembre de 2016
Etiqueta: Admistiquios
Categoría: Prosa
Exhibida en
Declaración de creatividad
Creación 100% humana
En fecha:
Mar 31, 2024, 8:18 PM
Nivel de identificación:
Medio
Contenido real
En fecha:
Mar 31, 2024, 8:18 PM
Nivel de identificación:
Medio
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Información de la obra
Título El perrillo negro de un jardín abandonado
https://valentina-lujan.es/E/elperrillonegro.pdf
Negro, de tamaño mediano y pelo negro y rizado, con un collar rojo y un genio malísimo.
Lo veía siempre cuando pasaba con Jerry. En lo que algún día fue una mansión, uno de esos chalets que hubo, y sigue habiendo, en esas calles tranquilas, sorprendentes un poco en pleno centro de Madrid, entre Velázquez y Serrano.
En éste, donde yo lo veía, grande y tal vez abandonado ya que las ventanas se ven tapiadas y muchos de los ladrillos caídos o rotos, con un jardín grande que se atisba por encima del muro de piedra y la tela metálica que lo corona, él correteaba a lo largo de lo alto del muro, de un extremo al otro, pegando ladridos muy enérgicos a Jerry, que le respondía con no menos resolución.
Su aspecto era bueno, saludable, se le veía bien alimentado, lo que me hacía pensar que ahí estaría viviendo alguien, que cuidaba el lugar, o gente sin hogar que se había metido ahí, y que él era suyo y ellos lo cuidaban.
Hace cosa de un mes eché de menos los ladridos, y las carreras alocadas a lo largo del muro.
Desde entonces, cuando he tenido a Jerry conmigo, he evitado pasear por ahí tratando de evitar el constatar que en efecto ya no está.
Hace unos días que sí tengo a Jerry y, esta mañana, me he dicho “por qué no ir, que a lo mejor está, una sola vez que no lo has visto no es prueba de nada”. Y, sí, hemos ido, aun con la corazonada no sé por qué de que no lo vería.
He querido imaginar que no pasa nada. Que las personas que estuvieran ahí se marcharon y lo llevaron con ellos.
Pero, de cualquier modo, el “ya no” de sus ladridos, de sus carreras, de su energía y su mal genio y su viveza, me ha dejado, me deja, un no sé qué de vacío en la boca del estómago.
Y pienso, sin saberlo evitar, cuántos pequeños retazos de la cotidianidad, de lo vivido y sentido cada día, aunque se sienta y se viva tan sólo al paso del “pasar”, van dejando muescas en el alma. Y qué grande y pesado resulta ese saco invisible que se lleva a la espalda cargado de innumerables “ya no”.
7 de diciembre de 2016
Etiqueta: Admistiquios
Categoría: Prosa
Tipo de obra Literaria: Otros
Etiquetas prosa, admistiquios
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Información de registro en Safe Creative
Identificador 2304164063498
Fecha de registro 16 abr. 2023 19:31 UTC
Licencia Todos los derechos reservados
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Declaraciones de autoría y derechos inscritas
Autor. Titular Alicia Bermúdez Merino. Fecha 16 abr. 2023.
Información disponible en https://www.safecreative.org/work/2304164063498-el-perrillo-negro-de-un-jardin-abandonado