El desenlace ha sido feliz, pero a punto estuvo el patinador Tomàs Guarino de no poder ejecutar su ejercicio en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina, debido a «problemas con los derechos de autor» de sus piezas musicales. Cuatro días antes, Universal Studios, propietaria de la música, no había dado su permiso, pero una negociación in extremis del equipo del español logró que pudiera competir tal y como tenía previsto. Es decir, incluyendo varios temas de las películas de Los Minions. No es el primer roce entre patinadores y artistas a cuenta de la gestión de los derechos de la música que suena durante los ejercicios de los deportistas, cuyo proceso de obtención de permisos resulta según los expertos «confuso y propenso a errores».
Licencia para los temas y la vestimenta de los Minions
Fue el propio patinador quien, desde su cuenta de Instagram, anunció el acuerdo alcanzado que ponía fin al «Miniongate», según explica El País. «Universal Studios lo ha reconsiderado y ha concedido oficialmente los derechos para esta ocasión tan especial», señalaba Tomás Guarino, publica Eurosport. La vestimenta del patinador, que replicaba la de los ayudantes amarillos de Gru: Mi villano favorito, también fue objeto de una controversia que se pudo solventar en ese momento con la productora cinematográfica.
Una herramienta para conceder licencias
Se da la circunstancia de que el patinador español ya había realizado ese mismo ejercicio a mediados de enero en el Campeonato de Europa celebrado en el Reino Unido. Una paradoja que remite al «entramado cada vez más complejo» en que se ha convertido la gestión de los derechos musicales en las competiciones de patinaje. Desde 2022, la Unión Internacional de Patinaje sobre Hielo (ISU) obliga a los deportistas a responsabilizarse de obtener los permisos por derechos de autor de la música que emplean en sus ejercicios a través de ClicknClear, una aplicación que agiliza la formalización de licencias temporales y limitadas por país, publica la Cadena Ser.
Cambio de normativa de la ISU
Durante décadas la mayor parte de la música que se utilizaba en estas competiciones era de dominio público. En 2014, los deportistas comenzaron a emplear temas más actuales después de que la ISU flexibilizara su normativa, lo que hizo que «algunos artistas comenzaran a exigir compensación por su trabajo», recuerda AP News. Ocho años después, en los Juegos Olímpicos de Pekín, el organismo cambió de estrategia tras la demanda interpuesta por el grupo Heavy Young Heathens a una pareja estadounidense que usó sin permiso uno de sus temas. Para que no se repitiera, la ISU instauró la obligatoriedad de que los deportistas adquirieran los derechos de uso, manipulación y exhibición de los temas musicales a través de ClicknClear, señalando qué canciones se emplearían, en qué países y en qué tipo de competición.
Otros patinazos por los derechos de autor
Pero el de Guarino no ha sido el único conflicto sobre derechos de autor en las Olimpiadas de Milán-Cortina. La estadounidense Amber Glenn también ha tenido que resolver un problema con el canadiense Seb McKinnon, autor de una de las piezas de su programa libre. El artista había mostrado su sorpresa en sus perfiles sociales tras escuchar su tema The Return en el programa de la patinadora: «Acabo de enterarme de que una patinadora olímpica usó una de mis canciones sin permiso para su rutina. ¿Es eso una práctica habitual en los Juegos Olímpicos?», señaló el autor. No obstante, el canadiense felicitó a la deportista, ganadora de la medalla de oro, y con quien acabó arreglando el asunto. «Solo quiero asegurarme de que se respeten los derechos de los artistas», zanjó el artista, publica AP News.
Fuentes: El País, Eurosport, Cadena Ser, AP News.

