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¿Cuáles son los falsos mitos sobre los derechos de autor?

El entorno digital es el caldo de cultivo ideal para que proliferen falsos mitos sobre los derechos de autor. Escucha con atención porque vamos a identificar estas creencias erróneas que se presentan como verdad, pero carecen de fundamento legal.

El error más común es pensar que si una obra no está registrada puede usarse libremente. Nada más lejos de la realidad: los derechos de autor nacen desde el mismo momento de la creación sin necesidad de trámites. El registro en plataformas como Safe Creative es un acto voluntario, aunque de gran utilidad si en alguna ocasión se precisa una prueba de autoría.

Otro mito frecuente es creer que el libre acceso equivale a libre uso. Que un contenido esté en abierto no significa que se pueda distribuir, modificar o explotar sin obtener el consentimiento de su creador. Lo más probable es que esté sujeto a derechos de autor.

También es habitual considerar que la obra de un autor fallecido hace 70 años puede usarse sin problema. Es verdad que la ley vigente en España establece esta caducidad para los derechos patrimoniales, pero si la muerte se produjo antes de 1987 prescriben a los 80. Y, además, los derechos morales son eternos, por lo cual los derechos de paternidad e integridad del autor original todavía siguen vigentes, aunque la obra se encuentre en dominio público. No obstante, hay otros matices relevantes. Cuando se trata de obras compuestas, en colaboración o colectivas se requiere el consentimiento del resto de autores. La figura del traductor o del intérprete también hay que tenerla presente, porque sus trabajos a partir de piezas de dominio público se consideran obras derivadas, que tienen sus propios derechos.

La llegada de la inteligencia artificial también está creando confusión. La ley actual no reconoce derechos de autor a las obras generadas por máquinas. Sin embargo, existe un debate sobre la posible protección de las instrucciones (prompts) y los resultados derivados de la interacción humana con la máquina, hasta el punto de haberse creado un mercado en línea para la compraventa de estas instrucciones.

Otro mito extendido es que el uso de obras con fines educativos es gratuito y no requiere permisos. Pero no es real. Solo aplica en el caso de los Recursos Educativos Abiertos amparados por licencias como Creative Commons. Asimismo, has de saber que los periodistas freelance sí tienen derechos. Aunque suelen firmar cesiones amplias de sus trabajos, en ocasiones, negocian condiciones más favorables que quedan reflejadas en contrato. No es el caso de los periodistas en plantilla, que sus derechos patrimoniales se ceden de forma automática a la empresa por condición contractual.

Por último, hay que desmentir que las ideas de negocio estén protegidas por propiedad intelectual. Lo que sí se puede proteger es un desarrollo técnico mediante patente, secreto empresarial, diseño industrial o los elementos distintivos de la empresa: marca, logotipo o diseños.

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Safe Creative es el mayor registro electrónico de propiedad intelectual en línea. La inscripción de la autoría en Safe Creative proporciona al autor una prueba tecnológica irrefutable de su declaración y la consiguiente protección de sus derechos (Convenio de Berna - ONU). Resulta muy aconsejable el registro de una obra antes de darla a conocer, para tener asentada una primera prueba declarativa de su autoría. Al publicar el trabajo o mostrar versiones previas es posible hacerlo con mayor tranquilidad, sabiendo que se dispone de la mejor prueba en el tiempo frente a quien pudiera estar tentado de atribuirse éste como propio.

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