¡Le conozco, Orozco! Usted ha oído hablar de los fenómenos Gómez-Jurado, Sáenz de Urturi, Perfumo, o Jenner y ahora tontea con la idea de que todo el monte es orégano. Pues, antes de que se lance a la conquista del Olimpo literario digital, déjeme lanzarle algunos datos para que, más que nada, sepa donde se está metiendo.
Cierto, in illo tempore (como decía Ovidio, un rapaz que en su día tuvo mucho éxito en esto de escribir) para publicar un libro existía un único camino: enviaba usted el manuscrito, esperaba seis meses o un añito, y, un mal día, recibía una carta genérica de rechazo («su obra no encaja en nuestra línea editorial actual y bla-bla-bla»). Lloraba usted un poquito, repetía, y —con suerte— una editorial terminaba ofreciéndole un anticipo (ahora lo llaman propina, creo) que no pagaba ni el alquiler de un mes. Su libro pasaba tres semanas en las librerías antes de ser devuelto, descatalogado, destruido y olvidado. Así, tal y como lo lee.
¡Ah! Pero como —después de todo— los dioses de ese Olimpo que va usted a escalar no eran tan crueles llegó Hermes —patrón de la comunicación y la retórica— y puso en la tierra a Amazon, esa compañía que empezó vendiendo libros desde un garaje y acabó vendiendo de todo, incluida el alma del comercio tradicional. Y así, El De Los Pies Alados —sin pretenderlo, o a mala leche, que los dioses son muy suyos— fue y democratizó la literatura. O la saturó de mediocridad. O ambas cosas, que todo depende de a quién pregunte y si ese quién se ha pasado antes por lo de Dionisos…
El dream team de la autopublicación
De las entrañas de Amazon Kindle Direct Publishing surgieron semidioses de la venta de libros. Héroes y heroínas que comenzaron su andadura al margen del circuito tradicional. Juan Gómez-Jurado, Eva García Sáenz de Urturi, Cristian Perfumo, Esteban Navarro, Fernando Gamboa, Elsa Jenner. ¡Menudo equipazo, oiga! Intervención divina aparte, la pregunta del millón —cuya respuesta usted se muere por saber, para poder imitarla— es: ¿cuál es su secreto? ¿Suerte? ¿Talento? ¿Pactos con el algoritmo?
Vayamos por partes, como Jack el Destripador (que en sus ratos libres dicen que era crítico literario). Lo primero que estos autores descubrieron es que Amazon es un territorio sin intermediarios donde usted lo controla todo: la portada, el precio, la promoción y, sobre todo, la relación directa con los lectores. Ese control, recuérdelo, tiene un precio: el de la minuta de todos los profesionales a los que tendrá que encargárselo (si no quiere acabar cayendo en el amateurismo más patético). Fernando Gamboa es el ejemplo perfecto del pionero independiente en España. Tras recibir una retahíla de «no encaja en nuestra línea» decidió autopublicarse en Kindle. ¿El resultado? Miles de lectores descubrieron su estilo vibrante y cinematográfico. El boca a oreja digital hizo el resto, y hoy es uno de los más vendidos del ámbito hispano. Su historia sirve de inspiración para cientos de escritores emergentes y de advertencia para los editores que lo rechazaron. Imagínese ser el firmante de uno de esos «no nos encaja». Debe de hacer pupita, oiga…
Hágase colega de su lector
Si algo caracteriza al autopublicado es su interacción constante con el público. Las redes sociales permiten escuchar, responder y crear comunidades activas que se sienten parte del proceso creativo. El lector ya no es un ente abstracto. Ahora tiene nombre, apellidos y avatar; comenta, opina, recomienda y hasta influye en las decisiones creativas (el fantasma de Misery saliendo del armario, sí). Cristian Perfumo, argentino especializado en thrillers ambientados en la Patagonia, suele agradecer a sus seguidores por participar en la elección de títulos o portadas. Esa complicidad genera fidelidad. El pibe no escribe «para» sus lectores, sino «con» ellos. Este enfoque redefine la noción del éxito literario, que ya no se mide en ventas sino en conexión emocional.
Luchar contra Netflix, TikTok y el scroll infinito
Si los héroes griegos se les tenían que ver con hidras, minotauros y Quimeras los enemigos de los escritores de hoy son bichos infinitamente más poderosos (pero con nombres definitivamente menos molones): TikTok, Netflix y ese feo vicio de pasar pantallas con el dedito. Ahí quisiera ver usted a Hércules (y yo también). Juan Gómez-Jurado lo comprendió mejor que nadie. Su saga protagonizada por Antonia Scott (Reina Roja, Loba Negra, Rey Blanco) combina tensión cinematográfica con lenguaje directo y visual. El ya ex periodista comenzó autopublicándose antes de fichar por grandes editoriales, aplicando estrategias de marketing digital para captar lectores sin perder su sello narrativo. O al menos así lo retratan. No vaya a ser que el tipo también sepa lo que se hace cuando escribe y nos arruine la narrativa del «usted también puede si lo desea mucho».
¿Autor o experto en marketing?
En todo caso, ahora viene cuando descubre usted que escribir es solo el 30% del trabajo. Si va a autopublicarse, debería empezar a familiarizarse con conceptos como posicionamiento SEO, publicidad en Amazon, análisis de palabras clave, campañas segmentadas… Eva García Sáenz de Urturi lo hizo. Antes de ser publicada por Planeta y convertirse en superventas con El silencio de la ciudad blanca, esta licenciada en óptica y optometría se autopublicó su primera novela en Amazon. Pero no se limitó a escribir: cuidó cada detalle —desde la edición hasta la estrategia de lanzamiento— y logró situarse entre los más vendidos por mérito propio. Su caso ilustra que autopublicación ya no significa «libro mal editado con portada horrible hecho en Paint». Acuérdese de esto.
Y, si no le sale a la primera, siga intentándolo: Esteban Navarro, policía reconvertido en novelista, es un ejemplo paradigmático. Ha publicado decenas de títulos en Amazon, alcanzando cifras notables de lectura. Su constancia —más de un libro por año— y su voluntad de conectar con temáticas cercanas a la realidad social lo hacen un referente de la narrativa independiente en España. Más de un libro por año son muchas páginas escritas cada día. Piense, piense en eso mientras contempla ese manuscrito que lleva a medio terminar desde los tiempos de la pandemia.
¡Ah! Y si va a publicarse usted mismo, no me sea cutre, por favor. Plataformas como Kindle Direct Publishing le ofrecen —previo pago, siempre el vil metal— herramientas que facilitan calidad de impresión, distribución global y seguimiento de ventas en tiempo real. Elsa Jenner, autora de romance y fantasía, ha sabido entender mejor que nadie que el f***ing algoritmo funciona como un nuevo boca a oreja global. Cuantos más lectores valoran un libro, más visible se vuelve, generando un ciclo virtuoso. Los que, como ella, entienden ese mecanismo —y lo alimentan con comunicación auténtica— tienen medio camino ganado. Qué ¿qué es «comunicación auténtica»? Poca cosa, querido: actualizar sus redes sociales constantemente, responder comentarios, crear contenido relacionado, y básicamente convertirse en influencer literario.
Una última cosita…
Recuerde, viejo: por cada Gómez-Jurado hay literalmente (y he dicho literal, no figuradamente) miles de autores cuyos libros venden menos de cien copias. Por cada García Sáenz de Urturi hay cientos que invierten años y dineros sin ver resultados. Según datos de Author Earnings, el autopublicado medio vende menos de 250 ejemplares en toda la vida del libro. El 90%, menos de 100 copias. Y la mayoría las compran familiares y amigos de buen corazón.
Los seis autores de los que hablamos tienen algo en común que va más allá de la estrategia: talento, historias que funcionan, y —seamos honestos— una dosis considerable de suerte y timing. Llegaron en el momento adecuado, cuando Amazon estaba consolidando su plataforma, pero antes de que se saturara. Hoy, hacer lo mismo significa competir contra millones de títulos. El algoritmo puede ser su aliado o —casi con toda probabilidad— enterrarlo en la página 4,732 de los resultados de búsqueda, donde nadie llega ni queriendo.
Al final, el mensaje real de la autopublicación es doble: sí, puede tomar el control y no necesita permiso para publicar. Peeero… incluso cuando tiene éxito, el sistema tradicional sigue ofreciéndole recursos que son difíciles de replicar por su cuenta. Se democratiza el acceso, no el éxito. Y el éxito, cuando llega, a menudo lleva de vuelta a negociar con las puertas que antes lo rechazaron.
Y ahora sí, camarada. Ahora que ya sabe adónde se mete, si todavía tiene ganas y agallas para intentarlo, siéntese a escribir y regálele al mundo esa historia que solo usted puede darle. Y, cuando la tenga, ya decidirá por qué canal nos la hace llegar.

