About the work
https://valentina-lujan.es/trans/Apuntando.pdf
hacia la ventana; ¿o es que no se había enterado a aquellas alturas todo el mundo de que si era jueves por la tarde lo que iba sobre la lavadora era la barra de pan y no la jarra del agua? – inquiría severa doña Fructuosa.
¿O sí se había enterado todo el mundo pero no era jueves?
O era jueves, sí, pero por la mañana; y en tal caso…
Doña Fructuosa pasó con ademán nervioso, a cortos y rápidos y suaves, muy suaves, pequeños golpecitos de sus dedos, ensortijados siempre, y tan largos, las páginas de su libretita de pastas rojas en la que jamás anotaba reproches y sobresaltos de la vida insustancial y cotidiana sino los acontecimientos que, a su entender — el suyo, aquel entender suyo del que se preguntaba, se había preguntado siempre y, aún de niña, muy niña, interrogado ansiosa a sus progenitores si sería parecido, aunque fuese muy poco, al del resto de sus congéneres —, marcarían un hito no en su vida, no, no en su vida ni en las vidas de quienes más o menos conocía, o incluso en absoluto y por completo desconocía y hasta, tal vez, más o menos vagamente amaba sino en…
– ¡¡¡Fructuosa!!!
Fructuosa en el tono apremiante, del que no recordaba haberse jurado jamás no tomar nota pero aún sin juramento no tomaba, de quien le reprochaba — de ahí la omisión — el andar siempre con la mente en otra cosa…
¡Entonces era eso!
¿Cómo no se había dado cuenta antes?
¡Qué tonta!
En la mente, ¡claro!, un hito no ya nada más en su mente sino en las mentes de quienes más o menos conocía, o incluso en las de quienes en absoluto y por completo desconocía y, hasta, tal vez, más o menos vagamente amaba con aquel entender suyo del que jamás le diesen la respuesta sus progenitores cuando, ansiosa, les preguntaba si sería parecido, aunque fuese muy poco, al del resto de sus congéneres.
Para llegar a la conclusión por sí sola de que no.
De que, y por más que la entristeciese, no.
No era jueves.
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About the creator
Escritora, porque la escritura es lo que profeso. Pero, no siendo la escritura mi fuente de ingresos, no me atrevería a denominarla mi profesión. No creo, por otra parte, que estuviera dispuesta a avenirme a complacer a nadie, lector o editor. Ni a comprometerme a cumplir los plazos de entrega a que deben ceñirse tantos de los que publican. Literatura por encargo, como si el escritor fuera un sastre o un fabricante de electrodomésticos. Me espanta el sólo pensarlo.
No tengo formación académica.
Ah, que se me olvidaba explicar a mis lectores, y a mis seguidores, y a mis amigos y enemigos, por qué "Telas de araña con bastón, canario y abanico"; y ello es por algo tan sencillo como el hecho de que la vida, todas las vidas, son exactamente una tela de araña, entretejiéndose, las unas con las otras.
He de confesar también que el título no se me ocurrió a mí; no. El título es el de un cuadro, grande, al óleo, que vi hace muchos años no recuerdo ya dónde en una exposición y en el que, aunque me dejé los ojos escrutándolo, no logré encontrar ni el bastón ni el canario ni el abanico y que, además y desafortunadamente, no recuerdo el nombre del autor.