De Lorena en el desaparecido blog de Afrodita
27/05/2024
2405278101455

Sobre la obra

http://valentina-lujan.es/doc/continuarsys.pdf
Continuidad
Ayer, tomando el primer café de la mañana, vi, donde habían estado anteriormente las excavadoras y los jubilados con las manos cruzadas a la espalda, atracadas dos embarcaciones de recreo.
Entré a contárselo a mi marido: “hay dos yates ahí abajo”.
Él preguntó escéptico “¿dónde?”.
– ¿Dónde iba a ser?
No se acostumbra a que ahora vivimos aquí y parece sorprenderse, cada día, cuando se asoma a la ventana y se encara al panorama refrescante.
A veces pienso que añora el barrio ruidoso, de calles estrechas y fachadas ennegrecidas por el humo, donde vivíamos antes; pero si se lo digo contesta que qué tontería, que está encantado y que, de haberlo sabido, hubiésemos debido mudarnos hace tiempo.
– ¿“De haber sabido” ― le pregunto ―: qué?
Responde entonces que ha hablado sin pensar, que ha dicho “de haberlo sabido” sin estar considerando seriamente que hubiera algo que saber. Pero no sé si termino de creerlo sintiéndolo, como lo noto, tan ausente y con deseo de regresar al interior donde, imagino, se encogerá de hombros e ignorará haber visto nada.
Sospecho que lo que de verdad le desagrada son los cambios, sin importarle en absoluto que sean para mejor. Pero, bueno, miró aunque fuera sin muchas ganas y dijo:
– ¿“Yates”, son yates de verdad esos barcos?
–Sí.
Quedaba un poco de café en el fondo de la taza y lo bebí de un solo sorbo; él opinaba, sin embargo, que eran veleros. Dejé la taza a un lado y dije «puede ser».
No tenemos hijos. Si los tuviéramos quizás nuestras conversaciones fuesen distintas; no demasiado pero un poco más parecidas tal vez a las que mantienen los matrimonios que han de velar por seres de los que son responsables. Entonces diríamos, él o yo, «este chico o esta chica, no sé, pero lo encuentro raro o rara»; y el otro respondería:
– ¿Tú crees?
– Sí; parece triste últimamente… o distraído o, por qué no, un poquito absorta.
– ¿En qué quedamos?
– ¿Qué importancia puede tener eso? ― Alguno de los dos, un poco irritado ―: el asunto puede ser serio y, nosotros, aquí, parándonos en detallitos…
– No veo la necesidad de dramatizar.
– Tampoco yo; pero si te parece menos catastrófico lo podemos dejar en «sin terminarse de centrar, con la cabeza en otra parte», o algo así. No pretendo afirmar rotundamente que… Bueno: no sé.
– A mí, en cambio, me seduce más imaginar que se trata de una persona alegre.
– ¿Alegre?
– Optimista.
– ¿Por algún motivo en concreto?
– Pues, así, al pronto… Pero alguno habrá.
– Ya, pero sin ni una noción siquiera…
Me refiero a, por precisar, esos diálogos mediante los que aun a base de desacuerdos se llega a conclusiones vitales por las que merece empecinarse y batallar aunque, cuando antes o después los ánimos se calman, se termina admitiendo que se siente lo siento y que no era para ponerse así.
Pero no es el caso, ya digo; no al menos en la actualidad.
En el pasado, sí: tuvimos un hijo.
Nació y creció y durante unos años siguió siendo nuestro sin que se nos ocurriera ni por un instante sospechar o temer que algún día…
Fue una imprevisión, ya lo sé, pero las personas normales y corrientes no se pasan la vida sospechando y temiendo; o no al menos constantemente y sin tomarse jamás un respiro.
Había sido, creo recordarlo bien, un fin de semana complicado y no porque se acumularan contrariedades nada más y una tras otra; no: cuando los acontecimientos que se van encadenando muestran todos un perfil adverso se les coge el tranquillo y, yo siempre lo digo, se tira para adelante con una relativa facilidad. Lo malo de aquel fin de semana fue su discontinuidad, el que sin ningún criterio previsible se entremezclasen distintas piezas de diferentes puzzles que tendrían que estar cada cual en su caja respectiva y, quien inocentemente levanta la tapa, intenta armarlo sin saber que va a ser imposible hacerlas encajar.
Ya sé; ya sé que puede no intentarse, y dejar que las piececitas del puzzle o los varios puzzles revueltos se mueran de aburrimiento esperando a que alguien abra la dichosa caja en la idea de encontrar una mantelería para doce o una manta eléctrica que en toda su vida buscará… Pero sé también, igual que todo el mundo, que… no se me ocurre nada especialmente ingenioso ahora mismo; no me importa ninguna caja ni qué pueda contener aunque mañana, o dentro de un rato, me dé de bofetadas porque necesito algo que no logro recordar en cuál está. Lo que quiero decir es que ni su padre ni yo estábamos de un humor del todo bueno ni decididamente malo, ni locos de contento ni al borde de la desesperación, ni tronchándonos de risa ni deshaciéndonos en lágrimas, ni aburridos como ostras ni…

Literaria: Otros
papeles
prosa
Exhibida en

Declaraciones de autoría y derechos inscritas

Fuensanta
Autor
Inscripción consolidada:
Documentos adjuntos:
0
Notificaciones de infracción de copyright:
0
Contactar

Notificar irregularidades en este registro

Declaración de creatividad

Creación 100% humana

En fecha: May 27, 2024, 8:35 AM

Nivel de identificación: Medio

Contenido ficticio

En fecha: May 27, 2024, 8:35 AM

Nivel de identificación:
Medio
Imprimir información del registro
Información de la obra

Título De Lorena en el desaparecido blog de Afrodita
http://valentina-lujan.es/doc/continuarsys.pdf
Continuidad
Ayer, tomando el primer café de la mañana, vi, donde habían estado anteriormente las excavadoras y los jubilados con las manos cruzadas a la espalda, atracadas dos embarcaciones de recreo.
Entré a contárselo a mi marido: “hay dos yates ahí abajo”.
Él preguntó escéptico “¿dónde?”.
– ¿Dónde iba a ser?
No se acostumbra a que ahora vivimos aquí y parece sorprenderse, cada día, cuando se asoma a la ventana y se encara al panorama refrescante.
A veces pienso que añora el barrio ruidoso, de calles estrechas y fachadas ennegrecidas por el humo, donde vivíamos antes; pero si se lo digo contesta que qué tontería, que está encantado y que, de haberlo sabido, hubiésemos debido mudarnos hace tiempo.
– ¿“De haber sabido” ― le pregunto ―: qué?
Responde entonces que ha hablado sin pensar, que ha dicho “de haberlo sabido” sin estar considerando seriamente que hubiera algo que saber. Pero no sé si termino de creerlo sintiéndolo, como lo noto, tan ausente y con deseo de regresar al interior donde, imagino, se encogerá de hombros e ignorará haber visto nada.
Sospecho que lo que de verdad le desagrada son los cambios, sin importarle en absoluto que sean para mejor. Pero, bueno, miró aunque fuera sin muchas ganas y dijo:
– ¿“Yates”, son yates de verdad esos barcos?
–Sí.
Quedaba un poco de café en el fondo de la taza y lo bebí de un solo sorbo; él opinaba, sin embargo, que eran veleros. Dejé la taza a un lado y dije «puede ser».
No tenemos hijos. Si los tuviéramos quizás nuestras conversaciones fuesen distintas; no demasiado pero un poco más parecidas tal vez a las que mantienen los matrimonios que han de velar por seres de los que son responsables. Entonces diríamos, él o yo, «este chico o esta chica, no sé, pero lo encuentro raro o rara»; y el otro respondería:
– ¿Tú crees?
– Sí; parece triste últimamente… o distraído o, por qué no, un poquito absorta.
– ¿En qué quedamos?
– ¿Qué importancia puede tener eso? ― Alguno de los dos, un poco irritado ―: el asunto puede ser serio y, nosotros, aquí, parándonos en detallitos…
– No veo la necesidad de dramatizar.
– Tampoco yo; pero si te parece menos catastrófico lo podemos dejar en «sin terminarse de centrar, con la cabeza en otra parte», o algo así. No pretendo afirmar rotundamente que… Bueno: no sé.
– A mí, en cambio, me seduce más imaginar que se trata de una persona alegre.
– ¿Alegre?
– Optimista.
– ¿Por algún motivo en concreto?
– Pues, así, al pronto… Pero alguno habrá.
– Ya, pero sin ni una noción siquiera…
Me refiero a, por precisar, esos diálogos mediante los que aun a base de desacuerdos se llega a conclusiones vitales por las que merece empecinarse y batallar aunque, cuando antes o después los ánimos se calman, se termina admitiendo que se siente lo siento y que no era para ponerse así.
Pero no es el caso, ya digo; no al menos en la actualidad.
En el pasado, sí: tuvimos un hijo.
Nació y creció y durante unos años siguió siendo nuestro sin que se nos ocurriera ni por un instante sospechar o temer que algún día…
Fue una imprevisión, ya lo sé, pero las personas normales y corrientes no se pasan la vida sospechando y temiendo; o no al menos constantemente y sin tomarse jamás un respiro.
Había sido, creo recordarlo bien, un fin de semana complicado y no porque se acumularan contrariedades nada más y una tras otra; no: cuando los acontecimientos que se van encadenando muestran todos un perfil adverso se les coge el tranquillo y, yo siempre lo digo, se tira para adelante con una relativa facilidad. Lo malo de aquel fin de semana fue su discontinuidad, el que sin ningún criterio previsible se entremezclasen distintas piezas de diferentes puzzles que tendrían que estar cada cual en su caja respectiva y, quien inocentemente levanta la tapa, intenta armarlo sin saber que va a ser imposible hacerlas encajar.
Ya sé; ya sé que puede no intentarse, y dejar que las piececitas del puzzle o los varios puzzles revueltos se mueran de aburrimiento esperando a que alguien abra la dichosa caja en la idea de encontrar una mantelería para doce o una manta eléctrica que en toda su vida buscará… Pero sé también, igual que todo el mundo, que… no se me ocurre nada especialmente ingenioso ahora mismo; no me importa ninguna caja ni qué pueda contener aunque mañana, o dentro de un rato, me dé de bofetadas porque necesito algo que no logro recordar en cuál está. Lo que quiero decir es que ni su padre ni yo estábamos de un humor del todo bueno ni decididamente malo, ni locos de contento ni al borde de la desesperación, ni tronchándonos de risa ni deshaciéndonos en lágrimas, ni aburridos como ostras ni…
Tipo de obra Literaria: Otros
Etiquetas papeles, prosa

-------------------------

Información de registro en Safe Creative

Identificador 2405278101455
Fecha de registro 27 may. 2024 8:35 UTC
Licencia Todos los derechos reservados

-------------------------

Declaraciones de autoría y derechos inscritas

Autor. Titular Fuensanta. Fecha 27 may. 2024.


Información disponible en https://www.safecreative.org/work/2405278101455-de-lorena-en-el-desaparecido-blog-de-afrodita
© 2026 Safe Creative