Mitos
09/03/2024
2403097288760

Sobre la obra

https://valentina-lujan.es/m/mitos.pdf
Los mitos, los héroes y los dioses; tan imponentes todos, tan soberbios, tan afianzados en sí mismos y en sus mismidades cada uno; tan absolutos y sin fisuras en qué están representando.
¿No es un poco así lo representado por cada uno de ellos? ¿No están todas las cualidades, rasgos, emociones, aversiones, inclinaciones, ideas, manías, obsesiones, virtudes, defectos, odios, celos y amores, y también los temores que nos aquejan y condicionan nuestras conductas, tan encastillados en su entidad o identidad y tan asentados en su inquebrantabilidad como los dioses lo están en su divinidad?
¿Somos los humanos los que nos ceñimos o amoldamos al modelo de los mitos o son los mitos posteriores y están siendo, cada uno, una especie de personificación de lo que ya desde antes habitaba en el ser humano, en su mente y en su alma?
Las mitologías de las latitudes más dispares y distantes cuentan con dioses y diosas que, aparte de las diferencias en los nombres y en los colores de sus pieles y los entornos en los que se desenvuelven, son perfectamente intercambiables.
Las representaciones, personificaciones, del amor, del odio, de la envidia, de los celos, de la rabia, de la ira, de la inteligencia, de la perversidad, y de tantas y tantos otras y otros virtudes y defectos que los dioses encarnan han sido, desde que el mundo es mundo — o desde que sabemos del mundo menos remoto que aquel en que con discurrir a ver si inventaban el fuego ya tenían bastante y no les quedaba tiempo de amarse ni odiarse —, tan inmortales y tan imbatibles y tan indestructibles como su correspondiente divinidad-mito.
Las mitologías de cualquier parte son muy antiguas (parezco la ministra Magdalena explicando que el aeropuerto es mu grande) pero, obviedad aparte, los humanos lo somos más todavía.
Es por eso que pregunto, ¿no estará la mitología y los mitólogos (me lo acabo de inventar) que la escribieron siendo una especie de recopilación, un muestrario, del sentir algo así como “estándar” y de todas las grandezas y miserias de los humanos?
Pero —vuelvo con esto a lo que me preguntaba más arriba —, ¿nos resultan los mitos o dioses tan fascinantes, incluso los más listos/as y los más guapos/as, como para seguir imitándolos hasta el fin de los siglos? ¿No son, tan inmortales y tan perfectos cada cual en lo suyo, un poquito cargantes?
No parece en cambio empacharnos, a nadie, seguir tirando de grandezas y miserias (otra vez odio, amor, celos…, bueno, ya están enumeradas más arriba) que no han cambiado en absoluto, ni pizca, en esencia desde tiempo inmemorial.
¿Y no es eso preocupante? ¿No es preocupante que algo permanezca inalterado en un mundo tan cambiante?
A lo mejor es que son una especie de “maldiciones” que ensoberbecidas y endiosadas están ahí, como un eterno presente en nuestras vidas; y nosotros pretendemos buscarles las vueltas, esquivarlas y librarnos de su influjo; pero siempre utilizando los mismos métodos que son, sí, quizás, más elaborados y sofisticados según avanza el tiempo, pero siempre los mismos en el fondo.
¿Qué es lo que pasa entonces, que los mitos y toda su simbología nos están poniendo sobre aviso de que no tenemos escapatoria, o es que nos están alertando de que las vías de escape son otras?
13 de agosto de 2012

Literaria: Otros
enigmas
prosa
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Valentina Luján
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Información de la obra

Título Mitos
https://valentina-lujan.es/m/mitos.pdf
Los mitos, los héroes y los dioses; tan imponentes todos, tan soberbios, tan afianzados en sí mismos y en sus mismidades cada uno; tan absolutos y sin fisuras en qué están representando.
¿No es un poco así lo representado por cada uno de ellos? ¿No están todas las cualidades, rasgos, emociones, aversiones, inclinaciones, ideas, manías, obsesiones, virtudes, defectos, odios, celos y amores, y también los temores que nos aquejan y condicionan nuestras conductas, tan encastillados en su entidad o identidad y tan asentados en su inquebrantabilidad como los dioses lo están en su divinidad?
¿Somos los humanos los que nos ceñimos o amoldamos al modelo de los mitos o son los mitos posteriores y están siendo, cada uno, una especie de personificación de lo que ya desde antes habitaba en el ser humano, en su mente y en su alma?
Las mitologías de las latitudes más dispares y distantes cuentan con dioses y diosas que, aparte de las diferencias en los nombres y en los colores de sus pieles y los entornos en los que se desenvuelven, son perfectamente intercambiables.
Las representaciones, personificaciones, del amor, del odio, de la envidia, de los celos, de la rabia, de la ira, de la inteligencia, de la perversidad, y de tantas y tantos otras y otros virtudes y defectos que los dioses encarnan han sido, desde que el mundo es mundo — o desde que sabemos del mundo menos remoto que aquel en que con discurrir a ver si inventaban el fuego ya tenían bastante y no les quedaba tiempo de amarse ni odiarse —, tan inmortales y tan imbatibles y tan indestructibles como su correspondiente divinidad-mito.
Las mitologías de cualquier parte son muy antiguas (parezco la ministra Magdalena explicando que el aeropuerto es mu grande) pero, obviedad aparte, los humanos lo somos más todavía.
Es por eso que pregunto, ¿no estará la mitología y los mitólogos (me lo acabo de inventar) que la escribieron siendo una especie de recopilación, un muestrario, del sentir algo así como “estándar” y de todas las grandezas y miserias de los humanos?
Pero —vuelvo con esto a lo que me preguntaba más arriba —, ¿nos resultan los mitos o dioses tan fascinantes, incluso los más listos/as y los más guapos/as, como para seguir imitándolos hasta el fin de los siglos? ¿No son, tan inmortales y tan perfectos cada cual en lo suyo, un poquito cargantes?
No parece en cambio empacharnos, a nadie, seguir tirando de grandezas y miserias (otra vez odio, amor, celos…, bueno, ya están enumeradas más arriba) que no han cambiado en absoluto, ni pizca, en esencia desde tiempo inmemorial.
¿Y no es eso preocupante? ¿No es preocupante que algo permanezca inalterado en un mundo tan cambiante?
A lo mejor es que son una especie de “maldiciones” que ensoberbecidas y endiosadas están ahí, como un eterno presente en nuestras vidas; y nosotros pretendemos buscarles las vueltas, esquivarlas y librarnos de su influjo; pero siempre utilizando los mismos métodos que son, sí, quizás, más elaborados y sofisticados según avanza el tiempo, pero siempre los mismos en el fondo.
¿Qué es lo que pasa entonces, que los mitos y toda su simbología nos están poniendo sobre aviso de que no tenemos escapatoria, o es que nos están alertando de que las vías de escape son otras?
13 de agosto de 2012
Tipo de obra Literaria: Otros
Etiquetas enigmas, prosa

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Información de registro en Safe Creative

Identificador 2403097288760
Fecha de registro 9 mar. 2024 16:38 UTC
Licencia Todos los derechos reservados

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Declaraciones de autoría y derechos inscritas

Autor. Titular Valentina Luján. Fecha 9 mar. 2024.


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