Un texto un poco largo que recorrí
27/06/2023
2306274691660

Sobre la obra

http://valentina-lujan.es/U/untextunpoc.pdf
un texto un poco largo que recorrí de arriba a abajo de un tirón sin leer — una docena de páginas se puede denominar “texto largo" no si se lo compara con El Quijote o La divina comedia, desde luego, pero sí si se le contempla a las cuatro de la madrugada sabiendo que el despertador sonará a las siete y cuarto —; así que me quedé con la copla de que era la versión 10 de algo y me marché a dormir.
Y yo ― que aunque no eran las cuatro eran sí las tres y veinte y mi despertador sonaría no a las siete y media sino a las seis y cuarto ― también.
Y dormí.
Recuerdo, como en una nebulosa en mitad del torbellino de situaciones y emociones encontradas que es mi vida, que dormí profundamente aquella noche y que, ya de mañana ― no sabría precisar si tras el desayuno o una vez depositado el niño o quizá dos en el colegio, o si quien los llevó fue mi marido; o después de haber rezado los maitines o firmado, según en qué circunstancias y en nombre de razones que no quise con el día que me esperaba analizar si eran mejores o peores, un despido; pero no importa mucho — o quizás por la tarde porque muy bien pudiera ser que la mañana la emplease en buscar mi muñeca o mis sandalias o en atender a un individuo apresurado que me entregó determinadas pertenencias, me senté, ya más calmada, frente al ordenador.
- ¿Dónde estábamos? – me pregunté, dando la primera calada al primer cigarrillo sosegado del día, mientras esperaba a que le viniese (al ordenador) “el alma al cuerpo”, como yo digo.
Al fin le vino.
Le vino al ordenador el alma al cuerpo, pero no a mí el punto en que me quedase cuando lo apagué de madrugada.
Tenía una vaga noción de cierta copla ― sin música, pero mi oído es francamente malo ― que hablaba de algo referente a cierta versión 10; tenía, también, algo más claro, que la copla en cuestión no era mía…
Y busqué.
Busqué afanosamente por las páginas que, junto con la dirección de mi banco, y la de la cartelera de los cines, y la del Google Earth que había abierto para buscar el hospital más próximo al que llevar (por lo del cólico) a mi prima, y alguna otra de cosillas curiosas que me gustan o indecentes ― que me disgustan, pero no sé ya cómo decirle a mi marido que a ver cómo diablos las bloquea “mi amor” ― porque me gusta ser amable aunque esté francamente molesta ― “que ya sabes cómo son los niños”, se habían ido almacenando poco a poco en el historial.
Pero no la encontraba.
Me puse tan nerviosa que me empezó a picar todo el cuerpo; y me entraron calores, y llegué a estar tan de veras sofocada que hasta sentí que me estorbaban las tocas… Y me sobresalté.
Me sobresalté porque caí de repente en la cuenta de que las monjas no fuman… ¿verdad?
Y sé que me debatí por unos instantes entre apagar el cigarrillo o arrancármelas; y que al final me decidí por una de las dos opciones o, ante la duda, por ambas, y que seguí tecleando como una verdadera loca hasta que… ¡la encontré!
Y aquí está
Etiqueta: Papeles
Categoría: Telas

Literaria: Otros
valentina luján
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Quienes somos (versión 10)
29/06/2023
don Gabriel
http://valentina-lujan.es/N/nopareversi10.pdf no parece, en un principio, que pueda resultar problemática ; no tiene uno, o una, o un hatajo ― o una multitud por aquello de no ningunear a género alguno de especímenes ― más que llegar y decir pues yo o nosotros o nosotras somos Fulanito de Tal, o Perenganita de Cual, o estos/as o los/as otros/as o los/as de más allá e hijos/as, todos/as y cada uno/a, de nuestros/as respectivos/as padres/as... No, mira, ahí nos hemos equivocado, pero en un alarde de humildad y de saber no ocultar nuestros errores lo vamos a dejar como está y seguir, como si tal cosa, aunque saltándonos - eso sí - las obviedades que todos damos por sentadas en lo que concierne a nuestros semejantes que, como si vamos al diccionario de sinónimos encontraremos que son "similares", o - eso también - "parecidos/as", a nosotros/as mismos/as, ¿no?, que es de quienes estamos hablando, si no hemos perdido el hilo y, por tanto, portadores/as tanto unos/as como otros/as ― aparte de "de valores eternos", que también se da por sentado y no sabemos si vamos a tener sillas para tantos/as ― de obviedades tan nada diferentes de las propias que para qué repetirlas, nosotros, por puro sentido común y del ahorro, nos atenemos a la más estricta de las lógicas y no las repetimos… ¿O sí lo hemos perdido? El hilo, que sería lo grave; porque el sentido común ― ¡una cosa tan corriente! ―, cuánto ni qué puede importar cuando, además, nos queda el propio, de infinitamente mayor enjundia y entidad. Y si lo hemos perdido, Dios no lo quiera, sí que la habremos liado porque nos pasará como, hace apenas unos días sin ir más lejos, nos sucedió a nosotros en nuestras propias carnes mortales cuando buscando… pues qué podía estar siendo, que así al pronto no caemos… Bueno, pues no sabemos, pero un destornillador... ¿Qué estábamos diciendo? Ah, ya: que para coger la pinza de la ropa con que sujetar el estor averiado del cuarto de estar y poder así abrir la ventana… Pero tampoco vamos a extendernos en eso porque, nos figuramos, quien más quien menos ya cuenta con sus trucos propios para abrir sus ventanas. Además, la ventana la terminábamos de cerrar; así que, la pinza… Bueno, mira: es igual. El caso es en resumidas cuentas que fuera por la razón que fuese buscábamos algo y derramamos, sin quererlo, la copa de algún néctar repuntado que nuestra memoria se obstinó en despertar como ambrosía… Así: sin esperarlo. La dejamos hacer ― a la memoria ― y, con deleite, lo aplicamos ― el néctar, pero si tenemos que explicarlo todo nos dejamos de sofisticaciones y decimos, por poner un poner, que era lejía ― con las yemas de los dedos en las sienes, y en el cuello, y detrás de las orejas y en la frente, y aspiramos el olor evanescente del antaño mientras se demoraba ella por entre los jirones de las tardes ociosas en que, lejos de los lugares más o menos comunes que hoy se nos figuran tan exóticos, lejos también de sospechar siquiera que pudiera existir un “mañana” distinto de aquellos que se desperezaban en amaneceres tan iguales, éramos algo que, por cierto, la última vez que alguien lo mencionó ya dio problemas porque ― la más corpulenta de las Fuenfría ― que pero, bueno, eso es muy elástico… – ¿Elástico? ― Doña Consola ― ¿Cómo cuánto exactamente de elástico? –Como muchíssssimo― acompañando su ese tan larga, la otra, con un movimiento amplio y lento de la mano. – ¡Vaya por Dios! ― cabeceando ésta como quien se contiene para no exclamar ¡lo que hay que oír! Y, girándose a su propia hermana ―: ¿Qué te parece? Y la hermana se limitó a ladear un poquito la cabeza y volverla a enderezar como queriendo dar a entender ea. –Ea ― doña Consola ―, no; Visitación. – ¿Pero cómo ― la Fuenfría ― que ea, no? –Pues como que no, sencillamente. –Mira, Consola, yo tengo mucha, pero que muchísima correa, pero, si hay algo que verdaderamente me molest… Porque, quién no ha sido, si es que alguien me lo puede explicar, algo a lo largo de su vida alguna vez? ... Etiqueta: Papeles Categoría: Telas
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Título Un texto un poco largo que recorrí
http://valentina-lujan.es/U/untextunpoc.pdf
un texto un poco largo que recorrí de arriba a abajo de un tirón sin leer — una docena de páginas se puede denominar “texto largo" no si se lo compara con El Quijote o La divina comedia, desde luego, pero sí si se le contempla a las cuatro de la madrugada sabiendo que el despertador sonará a las siete y cuarto —; así que me quedé con la copla de que era la versión 10 de algo y me marché a dormir.
Y yo ― que aunque no eran las cuatro eran sí las tres y veinte y mi despertador sonaría no a las siete y media sino a las seis y cuarto ― también.
Y dormí.
Recuerdo, como en una nebulosa en mitad del torbellino de situaciones y emociones encontradas que es mi vida, que dormí profundamente aquella noche y que, ya de mañana ― no sabría precisar si tras el desayuno o una vez depositado el niño o quizá dos en el colegio, o si quien los llevó fue mi marido; o después de haber rezado los maitines o firmado, según en qué circunstancias y en nombre de razones que no quise con el día que me esperaba analizar si eran mejores o peores, un despido; pero no importa mucho — o quizás por la tarde porque muy bien pudiera ser que la mañana la emplease en buscar mi muñeca o mis sandalias o en atender a un individuo apresurado que me entregó determinadas pertenencias, me senté, ya más calmada, frente al ordenador.
- ¿Dónde estábamos? – me pregunté, dando la primera calada al primer cigarrillo sosegado del día, mientras esperaba a que le viniese (al ordenador) “el alma al cuerpo”, como yo digo.
Al fin le vino.
Le vino al ordenador el alma al cuerpo, pero no a mí el punto en que me quedase cuando lo apagué de madrugada.
Tenía una vaga noción de cierta copla ― sin música, pero mi oído es francamente malo ― que hablaba de algo referente a cierta versión 10; tenía, también, algo más claro, que la copla en cuestión no era mía…
Y busqué.
Busqué afanosamente por las páginas que, junto con la dirección de mi banco, y la de la cartelera de los cines, y la del Google Earth que había abierto para buscar el hospital más próximo al que llevar (por lo del cólico) a mi prima, y alguna otra de cosillas curiosas que me gustan o indecentes ― que me disgustan, pero no sé ya cómo decirle a mi marido que a ver cómo diablos las bloquea “mi amor” ― porque me gusta ser amable aunque esté francamente molesta ― “que ya sabes cómo son los niños”, se habían ido almacenando poco a poco en el historial.
Pero no la encontraba.
Me puse tan nerviosa que me empezó a picar todo el cuerpo; y me entraron calores, y llegué a estar tan de veras sofocada que hasta sentí que me estorbaban las tocas… Y me sobresalté.
Me sobresalté porque caí de repente en la cuenta de que las monjas no fuman… ¿verdad?
Y sé que me debatí por unos instantes entre apagar el cigarrillo o arrancármelas; y que al final me decidí por una de las dos opciones o, ante la duda, por ambas, y que seguí tecleando como una verdadera loca hasta que… ¡la encontré!
Y aquí está
Etiqueta: Papeles
Categoría: Telas
Tipo de obra Literaria: Otros
Etiquetas valentina luján, telas de araña, papeles

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Información de registro en Safe Creative

Identificador 2306274691660
Fecha de registro 27 jun. 2023 13:49 UTC
Licencia Todos los derechos reservados

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Declaraciones de autoría y derechos inscritas

Autor. Titular La cuñada de la de Zabala. Fecha 27 jun. 2023.

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Registros relacionados

Derivado de: 2306294709635 - Quienes somos (versión 10)


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