Hija mía, la otra tarde me preguntaste con inquietante interés cómo fue que me animé a tenerte; que por qué la mayoría de la gente decide tener hijos. Esperabas una revelación que te ayudara a resolver si ser madre o no; Creíste que yo te daría una respuesta tranquilizadora a la que, como hija y a tus años, te considerabas con derecho. Pero enmudecí.
No habrías tomado en serio a nadie que te hubiese respondido sin dudar. Asique, con la benevolencia de quien ha aprendido a aceptar las limitacion
Versión de