La “disciplina inglesa” consiste en tomar al proveedor del noventa y tantos por ciento del software que corre en los ordenadores de todo el mundo por las solapas, y decirle eso de “bonito… lo que tú nos das nos lo pueden dar otros gratis y mejor. Y si acaso alguien opinase que no es mejor a día de hoy, que no se preocupe… ya lo será mañana.”