Aunque todo el mundo pensara en él
Alicia Bermúdez Merino
Madrid - Spain
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se acabó desoyendo el clamor de tantas voces pronunciándose a favor de que sí, de que fuese Diorante el guapo, para terminar por decantarse por un chico mucho más bajito y con granos pero con magníficas referencias y un expediente del todo brillante que, después de dar muchas largas negándose a ponerse al teléfono o alegando excusas tan peregrinas como para hacer sospechar hasta a la pazguata de Otilia Roca – tan obediente y bien mandada como era que, si le decías “átame esa mosca por el rabo”, preguntaba sin inmutarse si la de la cortina o la parada en la calva de don Terencio – que lo que le pasaba era que detestaba lavarse las orejas, terminó aceptando pero con la condición y el ruido de la televisión de fondo de que no se le obligara a montar en bicicleta ni a merendar bocadillo de fuagrás ni a disfrazarse de romano.

- ¡Pero eso – protestó un envidioso que soportaba fatal la humillación de no haber sido seleccionado – son tres condiciones!

Así que, porque habiendo un defecto de forma – dijo además el envidioso – que si no se subsanaba nos dejaría frente a los del Ánimas Benditas que eran famosos por sus trabajos tan impecables en una situación muy desairada, convenía repararlo cuanto antes de manera que, aunque un poco de cortedad sí que nos daba, tuvimos que volver a llamarlo para que, esta vez, fuera su hermana mayor la que nos echara la bronca con que en aquella casa no había manera de poder seguir en condiciones el serial…

Nos fuimos por eso al comedor a mirar la tele para en cuanto salieran los anuncios llamar de nuevo; pero como cuando salieron la abuela dijo “esto es sólo un descanso” y que no íbamos a tener tiempo bastante porque ese chico, el de los granos – y ella lo sabría bien porque se conocía a todas las demás abuelas del barrio –, era muy cabezón, nos empezamos a poner nerviosos, mirando impacientes el reloj con sus manecillas avanzando implacables allí, encima del aparador, todos arremolinados alrededor de la mesa que estaba ya quitada casi aunque había todavía algún plato con unas peladuras de manzana y, en una taza, se veía, en el borde, el dibujo de los labios pintados de la tía Mari Fe…

- “Mari Fe” ¡Qué bien traído! – dijo, que se notaba que iba con no poca sorna, Raúl Colmenero.

- Bueno, pues… ¡María Dolores!

Raúl Colmenero admitió que eso ya era otra cosa, menos forzada, pero que de todas maneras convenía aunar esfuerzos y no disgregarse…

- “Dispersarse” – rectificó Carlos Moreno.

- ¿Y se puede saber cuál es la dif…

- Pues mucha.

- Eso lo dirás tú.

- Pues ya lo he dicho.

Y habrían entablado una acalorada discusión si no hubiese intervenido Pablo Munguía instándolos a “¡vale ya!” cuando además – pero a Onésimo, que era el que había tenido la idea de envidioso que las peladuras y el carmín “que mala en sí no es; a ver si me entiendes”, (le dijo); lo animó a que conservase lo que ya llevaba porque, “a lo mejor, para la evaluación siguiente, pues…” –, y que o que mirásemos si no a la pantalla y veríamos que lo que decía era cierto, estaba él enterado por su madre de que entre ese bloque de anuncios y el final del capítulo, y las cinco menos cinco ya que eran, sólo quedaba espacio para, todo lo más, un beso…

La abuela entonces se enfadó porque “a ver – quiso decir – si ochentaisiete tardes que llevo siguiéndola vais a venir vosotros a despanzurrarme la novela” pero no le dio tiempo; no le dio tiempo porque salió la musiquilla y, nosotros, en tropel al teléfono aunque demasiado tarde, por lo visto, porque volvió a contestarnos la hermana, ya un poco más amable, y nos dijo que él, el chico de los granos, había salido y no regresaría hasta la hora de cenar.

- ¿Y ahora qué hacemos?

De manera que, tras sopesar con serenidad si había más o menos posibilidades de que cediese en lo del disfraz y el bocadillo – por ejemplo, dejando lo de la bicicleta (por coger algo, aunque se podían combinar los elementos de otra manera) como opción única – que de que nos quedásemos toda la panda sin ver el partido que había por la noche intentando convencerlo, decidimos rehacer ese trozo nosotros, por nuestra cuenta, y dejarlo así:

Terminó aceptando pero con el ruido de la televisión de fondo y tres condiciones consistentes en que no se le obligase a montar en bicicleta, ni a merendar bocadillo de fuagrás, ni a disfrazarse de romano.

Fin

Punto, este fin, en que se cierra el círculo que como con toda facilidad podemos ver es conjunto ─ decía don Cliptemestro siguiendo con sus ejemplos ilustrados ─ conjunto en los elementos Puente de Piscis, Gárgola y Tercera Oca de tierra con el 199-174-240 y conjunto disjunto en el resto de los elementos.

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Code: 2403037223608
Date: Mar 3 2024 22:00 UTC
Author: Un hijo del guarnicionero
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Escritora, porque la escritura es lo que profeso. Pero, no siendo la escritura mi fuente de ingresos, no me atrevería a denominarla mi profesión. No creo, por otra parte, que estuviera dispuesta a avenirme a complacer a nadie, lector o editor. Ni a comprometerme a cumplir los plazos de entrega a que deben ceñirse tantos de los que publican. Literatura por encargo, como si el escritor fuera un sastre o un fabricante de electrodomésticos. Me espanta el sólo pensarlo. No tengo formación académica.

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