Que piense algo
Alicia Bermúdez Merino
Madrid - Spain
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https://valentina-lujan.es/alicia/quepiense.pdf

Que tiempo de sobra tendrá usted por las mañanas, en el ministerio, sin otra cosa que lo pueda distraer mas que sus aburridos expedientes, de discurrir una situación mediante la que tanto si se quiere usted mantener en la idea de discutir por una cuestión tan baladí como lo es el que usted sostenga que su protagonista es una mujer sencilla en tanto que su amigo , tanto si es porque usted así lo desea como porque crea él sinceramente que resultaría sin punto de comparación más sugerente, pero que allá usted y que él no quiere ― le dice ― influenciarlo, insistirá él en que sea una señora de la alta sociedad, y los guantes sean largos y de terciopelo cuando ella cierre la puerta con sigilo, suavemente, con cuidado de no despertar al marido (enfermo tal vez, y anciano e inmensamente rico ) al que ha administrado un somnífero o quién sabe si no arsénico o cianuro antes de fugarse con su amante como si lo que prefiere es algo de índole más intelectual y que su conversación se centre en aspectos psicológicos, caracterológicos o incluso temperamentales de los personajes dando, todo ello, lugar a un argumento de menos acción, es verdad, pero contenido más filosófico y, por tanto, también posiblemente de más calidad literaria puedan, sin apasionamiento y muy serenamente, plasmar negro sobre blanco sus desacuerdos.

Pero que, tanto si es conservando la postura, la situación, el tono, la actitud y el atavío tanto de la esposa como del marido que usted defiende como si lo es manteniendo aquellos por los que aboga su amigo y que darían a “nuestra Camelia” — dice él — un aspecto de mujer más de mundo y con más clase y más esbelta aunque también y por supuesto bastante más perversa pero él — insiste — no quiere influenciarlo, lo que no tiene que perder de vista es que la protagonista “es ella, no yo” ― le dice ―; y que deje por tanto de hacer mención constantemente a qué él dice, y cómo lo dice, y cuándo lo dice, y por qué lo dice…

– ¿Te estás enterando? ― pregunta él.

– Sí ― contesta usted.

Y zanja su amigo el tema con que pues entonces “¡Hala!”, y que ahora, si a usted no le importa, será mejor que por hoy lo dejen.

Usted le dice que sí, que claro, además tú tenías prisa.

Dice que no, que no tiene nada que hacer, que lo dijo nada más para que no tuviera que ser usted quien dijese “me tengo que marchar”, porque entonces a lo mejor se sentía obligado a explicar que es que iba otra vez a casa de Ramírez alegando que era por el tema de la papiroflexia pero que…

– ¿Qué? ― pregunta usted.

– No, nada… Además ― añade él, tras pensárselo un poco ― me parece bien que te estés empezando a encariñar un poco con… ¿Cómo quedamos en que se llamaba?

– ¿Camelia?

– Sí

– Sonia.

– ¿Sonia ― él; y alzando levemente una ceja ―: eh?

– Sí ― usted ―; pero si prefieres que lo discutam…

– No…

– ¿De veras?

– Sí; sí. De veras. Es sólo que…

– ¿Qué?

– No; nada.

Y se queda él como pensativo, un ratito, tabaleando sobre el mármol otra vez y volviendo a inflar los carrillos para soplar después el aire emitiendo otra especie de brrr; luego se pone de pie y dice “bueno, pues venga” y que “Sonia, sí; puede estar bien” pero que, a él, “en fin tú verás, ya te he dicho que yo no quiero influenciarte”, le parece que no van ustedes a estar hablando de la de las…

– ¿“¿Sandalias”, dijimos?

– Boquerones ― lo corrige usted.

– Vale.

Que no sé para qué se esfuerza usted en ser preciso cuando él acepta la rectificación sin rechistar, como si le estuviese importando un comino. Pero usted verá.

Pero que ― en conclusión y no fuera a ser que la terminasen liando, tan más o menos encauzada que la cosa iba ―, aunque él habría jurado que eran salmonetes, lo que de verdad le preocupa es que tiene la sensación de que están todo el rato hablando de la otra.

– ¿Qué otra? ― le pregunta usted.

– La de las botitas ― le contesta él.

Y cuando usted le intenta refrescar la memoria dándole detalles precisos de la página y el párrafo exactos en que él, él solito y sin contar con nadie, la había olvidado, le contesta...

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Date: Feb 2 2024 21:29 UTC
Author: Lola
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About the creator

Escritora, porque la escritura es lo que profeso. Pero, no siendo la escritura mi fuente de ingresos, no me atrevería a denominarla mi profesión. No creo, por otra parte, que estuviera dispuesta a avenirme a complacer a nadie, lector o editor. Ni a comprometerme a cumplir los plazos de entrega a que deben ceñirse tantos de los que publican. Literatura por encargo, como si el escritor fuera un sastre o un fabricante de electrodomésticos. Me espanta el sólo pensarlo. No tengo formación académica.

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