Tu amor no es para mí, porque mi aurora no despierta donde tu alma abre los ojos. La senda que te conduce lleva otro rocío, otro nombre escrito en su aliento. Nos encontramos en la línea invisible del destino, cuando las constelaciones se rozan sin tocarse. Fuiste un cántaro de luz que mi sed reconoció, pero el cielo no permitió beber de ti.
Te miro desde la orilla donde florece mi silencio. Allí escucho el murmullo de los lirios, que me hablan del amor imposible como de un sacramento oculto: aquel que solo los iniciados comprenden en su pureza dolorosa.
Mi espíritu se arrodilla ante la visión de lo que nunca poseerá, y aun así te bendice, con la ternura que se entrega al fuego sin esperar llama.
El universo, en su sabiduría, no nos negó, nos transformó. Nos hizo reflejos, símbolos, almas que giran en círculos concéntricos, sin cruzarse pero sabiendo que existen. Cada vez que pronuncio tu nombre, un pétalo cae dentro del templo de mi pecho; suena una campana que no llama al encuentro, sino al entendimiento.
Y comprendo: el amor también es camino cuando no se alcanza. Es la prueba del alma que aprende a amarse a través de la renuncia, el resplandor que queda cuando la rosa no se abre pero perfuma el aire.
Así descanso. No en ti, sino en la divinidad que nos soñó distintos para que el amor siguiera naciendo, aún en la distancia.
Tu amor no es para mí; soy otra aurora,
donde no llega el hilo de tu estrella;
mi voz te nombra en bruma, y ya destella,
tu sombra en la distancia me enamora.
Te siento, sí, mas todo me demora;
tu fe camina en pos de la marea.
Yo soy la flor que sola centellea
en el altar del alma que te adora.
Nos quiso la quimera, no el camino,
y un mismo soplo errando peregrino
rozó las almas, sin fundir su esencia.
Mas sigue viva, azul, la transparencia
que nos unió sin tiempo ni lugar:
¡Quizás en otro sitio te he de amar!
En medio del andar,
allí, donde la luz toma tu sombra
mi amor será el rocío que te nombra.
Aimée Granado Oreña ©️
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Secreto amor, reflejo sin frontera,
que en la distancia habitas, pero vienes,
cuando mis rosas duermen tú las tienes
despiertas en la aurora verdadera.
Mi voz te nombra, y fluyes primavera,
brotando en mí las notas que detienes,
el alma en tus cristales me sostienes,
rocío azul de luz, mi vida entera.
Eres la ofrenda en llama contenida,
la fe que brilla oculta en la nevada,
mi eternidad vestida de estampida.
Amanecer del viento en la alborada
susurro en el adagio y despedida
que abraza mi obsesión en su algarada.
Y aunque la noche inspire desolada,
mi sombra vuela en ti, calladamente,
como el secreto al alma sutilmente
revela su pasión emocionada.
Me entrego enamorada;
mientras me incitas: ¡Sublime desafío!
Encanto del romance en su albedrío.
Aimée Granado Oreña ©️
Gota de Rocío Azul
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Sedúceme
01/31/2026
Gota de Rocío Azul
Sedúceme
Pero hazlo como la tarde seduce a las hojas: sin prisa, dejándome caer en tu regazo hasta desnudarme de otoño. Acércate con el sigilo del rocío cuando despeina la madrugada y moja, sin estridencias, la piel aún sumida en sueños. No me nombres; deja que tu aliento trace sobre mi cuello una caligrafía de brumas, y que el estremecimiento sea la única sílaba posible.
Sedúceme con tu distancia, con esa manera tuya de retirarte medio paso para que mi deseo se atreva a cruzar el umbral. Quiero que tus manos aprendan el abecedario de mi cuerpo como quien reza un salmo secreto: dedo a dedo, línea a línea, hasta encontrar la palabra exacta donde mi pulso se desborda.
Invéntame caminos en la espalda, peregrinajes de fuego sobre cada vértebra; haz de mi cintura un puente, de mis caderas un vaivén de mareas que solo tus lunas conozcan.
No busques fuegos artificiales, busca brasas. Deja que la penumbra nos envuelva y que la única luz sea la que se enciende cuando tus ojos tropiezan con los míos y los despojan de pudor. Sedúceme con tu silencio, con tu manera de escuchar cada pequeño temblor que te ofrezco como ofrenda; haz de mi suspiro un faro y naufraga, sin miedo, en la orilla de mi boca.
Y cuando creas que ya has tocado el límite, llévame un poco más allá: a ese territorio donde el deseo se vuelve plegaria y la piel, altar encendido. Allí, en la exacta frontera entre el gemido y la gracia, tómame de la mano y susúrrame al oído lo que nunca te atreviste a decirle a nadie.
Sedúceme, amor, hasta que mi cuerpo aprenda de memoria tu nombre y mi alma, agradecida, se quede a vivir para siempre en el silencio que tus besos iluminan.
Sedúceme despacio, sin palabra,
cual ocaso sapiente en la memoria,
tejiendo filigrana en cada historia
en la raíz que prende mientras labra.
Desvísteme del tiempo y su coraza,
sé brisa en la obsesión que habita pura,
aprende en mis latidos la escritura
que dicta el alma cuando nada abraza.
Invéntame un sendero en cada hora,
haz del deseo el sol que no fenece
en la penumbra donde el tiempo mora.
Si la pasión se expande mientras crece,
susúrrame tu amor, aquí y ahora
serás mi eternidad que no perece.
Y cuando el beso encienda su ceniza,
que Dios contemple, en nuestra piel unida:
¡Luz del alma besada por la brisa!
Aimée Granado Oreña ©️
Gota de Rocío Azul 💦
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Bajo el primer respiro del alba, me abres como quien revela un secreto al viento, y el aire, dócil, guarda el temblor de mi nombre entre sus alas. Todo en mí se vuelve luz que palpita, llama que no quema sino purifica. La piel, al contacto de tu mirada, deja de ser límite: se hace río donde la vida fluye en dirección al misterio.
Tu mirada, incienso y revelación, oficia un rito antiguo, más viejo que el tiempo. Es la invocación del principio, la palabra antes de la palabra. Cuando me nombras sin voz, el universo se inclina sobre nosotros, curioso de su propia creación. Entonces comprendo: hay una eternidad mínima que habita en cada respiro, un Dios silencioso que se refleja en la humedad de los cuerpos.
Tus manos, peregrinas de fuego, recorren mi alma con el fervor de quien toca lo sagrado. Cada caricia tuya es un signo, y cada signo, una puerta. Allí donde tus dedos rozan mi piel, brotan flores de sombra y claridad, como si la noche también quisiera florecer para entender la aurora.
No somos carne, sino plegaria encendida. Entre tus labios, el deseo se arrodilla ante la pureza del amor. Ebria de ti, descubro que la pasión no destruye, eleva. Que el cuerpo, cuando ama, es una esfera de luz sostenida por la gracia. En ese instante, todo lo creado canta: la piedra, el rocío, el vuelo de los insectos diminutos, el rumor de la savia.
Me abandono al pulso que nos convoca, a esa respiración compartida donde tú y yo cesamos de ser nombres. Somos llama y rocío, cuerpo y vuelo, reflejo y transparencia. Somos la gota de eternidad suspendida entre el mundo y su sueño. Y en medio de esa unión sin fronteras, escucho un murmullo antiguo: la voz del amor que respira por nosotros, la fe secreta que sostiene el universo.
Bajo el soplo del alba me descubres,
y la piel se convierte en jardín de fuego.
Tu mirada, incienso y revelación,
me abre al templo secreto del deseo
No es carne, es alma que arde, suave, pura,
una plegaria tibia entre tus labios.
Desatas mi pasión, flor de locura,
y brotan luz y sombra de tus manos.
Entre tus besos reposa mi destino,
ebria de ti, de mí, de lo divino.
Somos llama y rocío, cuerpo y vuelo,
dos almas enlazadas en un cielo.
Aimée Granado Oreña ©️
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El fuego besó al rocío,
y en su contacto tembló,
la llama se desnudó
bajo un soplo de vacío.
Murió su rojo albedrío,
mas del agua se hizo flor,
que al ascender, dio su ardor
al cielo que la llamaba…
¡Ni el agua su pena clama,
ni el fuego teme al amor!
Donde el opuesto se toca,
nace el perfume del alma,
no hay tempestades ni hay calma,
sino verdad que provoca.
En silencio se disloca
el yo que aún no se entrega,
y en la llama que reniega
el agua deja su huella.
Se queman ambos: destella,
el amor que se congrega.
Si el fuego en el agua muere
y el agua en fuego se eleva,
tal vez la queja se nieva
donde el alma nada quiere.
Solo el ego es quien prefiere
no cambiar de piel ni nombre,
mas el centro de este hombre
es brasa, lluvia y rocío.
¿Quién se queja del vacío
si en él Dios abraza al hombre?
Aimée Granado Oreña ©️
Gota de Rocío Azul
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En la urdimbre de la aurora,
teje el mundo su secreto,
bordando el tenue amuleto
que al alma guía y decora.
Es que la vida atesora
su hilo de luz divina;
y aunque el azar se avecina
con sus sombras y su frío,
todo vuelve al mismo río
que al principio nos destina.
No hay senda que no estuviera
trazada en la piel del aire,
ni sueño que el sueño atrae
sin su razón verdadera.
El alma que desespera
por torcer su travesía,
descubre al fin, en su día,
que nada fue desatino;
que hasta el dolor más divino
fue mapa de profecía.
El destino es voz callada,
latido que nunca cesa;
semilla de la promesa
por el tiempo resguardada.
Aún si el alma va cansada,
su fe no se desvanece;
pues en la noche, parece,
que el azar dicta caminos,
en horizontes genuinos
que la Luz misma embellece.
Aimée Granado Oreña ©️
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El Destino
01/08/2026
Gota de Rocío Azul
El destino
Hay caminos que no se eligen: se reconocen, como si el alma los recordara desde un sueño que aún no ha terminado. El destino no llega; despierta dentro, como un lucero que abre sus párpados de eternidad.
A veces, se viste de silencio, y otras, de tormenta. Pero en su centro, todo es orden secreto, música que la mente no comprende y el corazón sí: una brújula que palpita en el fondo del pecho, llamando hacia lo inevitable y lo sagrado.
Camino sobre la cuerda invisible que une lo que fui con lo que seré. Cada paso es un acierto aunque parezca abismo. Cada demora, un lenguaje. Cada lágrima, una llave que abre la conciencia del propósito.
Nada se pierde en el destino, porque todo vuelve a su origen, al respiro azul del alma. Allí, donde el tiempo se disuelve en rocío, comprendo que no hay azar, sino un amor antiguo que me guía con manos de viento.
Y entonces dejo de caminar… y permito que el destino se deslice en mí, como el río que no teme al mar porque ya lo siente dentro.
Nací del eco antiguo de una aurora,
donde el alba hilaba con su pluma dorada
los sueños que el alma por sí misma implora,
y el tiempo callaba su voz encantada.
No fue el azar mi paso, ni la suerte;
fue el río interior de mi conciencia viva,
que trazó su cauce venciendo aquí a la muerte,
bebiendo en la luz que el espíritu aviva.
El destino escribe, mas mis manos guían;
danzan su tinta y mi llama de armonía,
como el viento etéreo que eclosiona en brisa.
Y al final del verso, la vida suspira:
soy la escritora de mi propia urdimbre;
y el universo en mí también reescribe
en su intenso bregar la lira que me inspira,
la luz que al irisar los sueños reivindican.
Aimée Granado Oreña ©️
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Anoche el cielo lloraba
una dulzura escondida;
mi alma, gota dormida,
en tu nombre despertaba.
Te buscaba, y me encontraba
donde tu sombra latía.
El aire, que te sabía,
besó mi voz sin tardanza,
y en su azulada templanza
mi corazón te ofrecía.
Estribillo:
Amor, rocío encendido,
manantial de mis albores,
en tu mirar yo he querido,
deslumbrarme entre primores.
Eras un soplo del día,
era mi fe, tu destello.
Todo el amor, en su sello,
dibujó azul melodía.
De tu aliento me vestía
como de aroma divino;
cuando el dolor fue camino,
tu voz se volvió mi prado,
mi corazón embriagado
bebió tu encanto genuino.
Estribillo:
Amor, rocío encendido,
manantial de mis albores,
en tu mirar yo he querido,
deslumbrarme entre primores.
Ahora que el alba se posa
en la nostalgia del viento,
llevo tu azul sentimiento
como promesa mimosa.
La eternidad se desposa
con tu luz sobre mis manos,
y los astros soberanos
declaran dulce conjuro:
¡Qué el amor sea tan puro
entre arpegios soberanos!
Ay amor, si el tiempo mío
recae en su desventura,
recuerda que con ternura
retoña verde el estío.
Siempre libre en su albedrío
se es polvo, llama y alianza,
se consagra la confianza
como un tesoro del alma,
que nos concede la calma
mientras ofrece esperanza.
Estribillo:
Amor, rocío encendido,
manantial de mis albores,
en tu mirar yo he querido,
deslumbrarme entre primores.
Aimée Granado Oreña ©️
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